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ATHLETIC

Suerte, amigo

JON RIVAS

Hace bastantes años, casi en el Pleistoceno de mi vida profesional, recalé en un periódico que montaron a medias entre el grupo de comunicación más grande de Europa, Axel Springer, propietario del diario Bild, que vendía tres millones de ejemplares al día, y Prensa Española, propietaria del ABC en el que todavía no participaba Vocento. El primer director es ahora una cara conocida de la crítica televisiva, Ferrán Monegal, que fue quien me contrató, pero por discrepancias con la empresa editora, fue despedido pocos días después de la salida a la venta del diario. Tuvo un sustituto interino y, finalmente, eligieron como director a un periodista alemán, del que no recuerdo el nombre pero sí el apodo: Willy el sanguinario, le llamaban, por su tendencia a los temas escabrosos en la portada. Willy ejerció durante varios meses. Aterrizó en Madrid procedente de Berlín directamente. No hablaba ni una palabra de castellano. En las reuniones de portada y de temas, utilizaba un traductor, y no tuvo ninguna dificultad en comunicarse con los periodistas a su cargo.

Viene todo esto a colación de las barbaridades que estoy leyendo en las redes sociales a raíz del nombramiento de Nika Cuenca como nuevo director de comunicación del Athletic. «Ninguna empresa alemana contrataría a un directivo que no hablara alemán». Pues miren por dónde. yo he conocido el supuesto contrario, el de una empresa española que contrató a un directivo que no hablaba español. Y no pasó nada. Se valoraba su conocimiento.

Nika es mi amigo, lo reconozco, y me alegro muchísimo de que haya podido regresar de Madrid, donde hacía equilibrios para conciliar su vida profesional con la familiar, desde su puesto en el departamento de comunicación de la RFEF. Sin comerlo ni beberlo, la primera «acusación» contra Nika es la de que no habla euskera, y lo afirman muchas personas desde el desconocimiento profundo del personaje. Sin saberlo a ciencia cierta, sin contrastar datos.

Algunos, a través de, presuntamente, sesudos tuits, en los que incluso se empieza a olfatear un cierto tono supremacista en algunas afirmaciones en las que se insinúa que los mejores profesionales de Euskadi son bilingües, como si los que sólo hablan castellano tuvieran alguna tara que les ha impedido aprender el idioma y, por tanto, no llegan a la altura. Es verdad que muchos grandísimos profesionales de los medios de comunicación saben expresarse en euskera y castellano, pero otro gran porcentaje de excelentes comunicadores está compuesto por gente que sólo habla un idioma.

Posiblemente, las siguientes generaciones estén formadas casi en su totalidad por periodistas bilingües. Muchos de los de mi generación no pudimos aprender de pequeños, qué le vamos a hacer. Existía un pequeño problemilla llamado dictadura. Yo ya tenía 16 años cuando murió Franco, y 19 cuando se votó la Constitución. Mis hermanas, cuatro y seis años más jóvenes que yo, estudiaron en euskera. Todavía me acuerdo de la andereño, María Antonia, que venía a mi casa a dar clase a un montón de niños pequeños. Cada mes cambiaban de casa. Era una ikastola clandestina e itinerante.

Pero este asunto del euskera, que Nika Cuenca habla, y que seguirá vigente y pujante en el Athletic, porque, además, el departamento de comunicación lo forman varias personas que él ahora dirige, no es sino una manera miserable de atacar cualquier movimiento que haga la nueva junta directiva que preside Aitor Elizegi. Durante la campaña electoral no hubo ninguna insinuación, ni una sola, a la circunstancia de que uno de los candidatos, Alberto Uribe-Echevarria, no hablara euskera, así que resulta sospechoso que ahora, desde el bando de quienes le apoyaban, aparezcan críticas sobre el idioma. Por cierto, que desde estas líneas deseo aclarar que nombrar al candidato perdedor de las elecciones del Athletic es sólo una cuestión circunstancial. Desde que se proclamó a Elizegi como nuevo presidente, se ha comportado con la gallardía que se le suponía desde mucho antes. No es sospechoso de nada. Su deseo de «todos con Elizegi, a remar en la trainera» lo está cumpliendo. Si alguna vez tiene la tentación de volver a presentarse a las elecciones, habrá que reconocerle esta lealtad.

Pero el detalle desnuda a quienes todavía llevan dentro de sí ese resquemor de no haber interiorizado el resultado de las urnas. Si Nika Cuenca llega a ser miembro de Euskaltzaindia, los términos del ataque habrían cambiado. De hecho, también se ha insinuado que su nombramiento se debía al pago de favores a algunas empresas de comunicación, como Vocento o el diario As, los medios en los que Nika trabajó anteriormente. Pero teniendo en cuenta que el periodista bilbaino, socio, por cierto, del Athletic, y con un hijo jugando en el equipo juvenil, dejó El Correo hace casi 15 años, y que fue despedido abruptamente –por razones de reducción de plantilla–, del diario deportivo hace dos años, ya me dirán qué favores está pagando el Athletic.

¿Los mismos tal vez que se esgrimieron cuando una nutrida representación del club acudió a los premios de El Correo? Adujeron entonces, que el Athletic no debía dar bola a una empresa privada, que hubo exceso de directivos y de jugadores. Sin embargo, quince días después, callaron la boca como muertos cuando una representación similar acudió a los premios del diario Deia. Ya no hubo críticas, tal vez porque, con los hechos, la nueva directiva les calló la boca. No eran favores, sino simplemente, normalidad institucional, que ha llegado después de varios años.

En el afán por torpedear los esfuerzos de Elizegi por llegar a esa normalidad a través del nuevo cargo de Nika Cuenca, se ha llegado incluso a apelar a la falta de humanidad porque, supuestamente, con su llegada se despiden a otras personas, cuando, en realidad, el puesto es novedoso en el Athletic. No es un quítate tú que llego yo. Nadie lo ocupaba hasta hoy. Bueno, novedoso no es. También Fernando García Macua nombró a un periodista, Blas Bermúdez, para ese cargo. Al día siguiente de las elecciones en las que ganó Urrutia, Blas ya tenía llenas las cajas de cartón con sus pertenencias personales. Sabía que el mandato caducaba con el de su jefe. Y no pasó nada; y nadie levantó la voz.

Suele pasar, y en este fuego cruzado se producen daños colaterales, ya se sabe. Pero algunos tendrán que lamerse las heridas y, en casos de profunda depresión, irse a la guía de servicios médicos de Bilbao, que la lista de sicólogos es inabarcable.

Y por cierto, no le voy a desear a Nika Cuenca, nuevo director de comunicación del Athletic eso que se les desea a los actores de «mucha mierda», porque ya sabe él que mierda hay mucha y es mejor no pisarla.

Simplemente: suerte, amigo.

 

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2 Comentarios

2 Comentarios

  1. Quico

    febrero 20, 2019 at 8:30 pm

    A Ferrán Monegal lo sustituyó Arsenio Escolar y, tras unas semanas, a este lo cambiaron por Willy Schmitt. En los estertores del diario Claro, allá por finales de julio, acabó dirigiendo la cabecera otro teutón: Wolfgang Kryszohn.

  2. Matiko

    febrero 21, 2019 at 10:14 am

    Pues si señor, yo tenía ciertas dudas, pero en realidad, nada mejor que darle normalidad al asunto y al día a día del Athletic. Si van 3 a un periódico o 2 a otro nos debería dar igual, siempre y cuando los asuntos de calado se traten en casa.
    Suerte a Nika, que su suerte será la nuestra.
    Y, como dices, a ver si tomamos todos ejemplo de Alberto, y dejamos trabajar a los que entre todas hemos elegido. Por que el Athletic es eso, mucha tradición y orgullo, pero también mucha unión, y más en estos tiempos.

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