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Detalles de Pamplona

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JON RIVAS

Después de la primera victoria a domicilio del Athletic en la presente temporada, que además encarama al equipo al quinto puesto, con los mismos puntos –aunque por encima–, de otro club que parecía destinado a empresas mucho mayores por la calidad de su plantel y su exquisita forma de entender el fútbol, me voy a detener en algunos detalles detectados en el viaje a Pamplona, que si fue agradable en la ida, por la distancia y la comodidad de la carretera, fue mucho mejor a la vuelta, pese a que cayó la noche y llovió a ratos. En este caso, el regreso a Bilbao, por razones obvias, fue feliz.

Empiezo por un detalle irrelevante para el juego, pero que me llamó la atención. Constata la adaptación al medio de muchos aficionados. Con el partido a las dos de la tarde, elegir hora para comer es una cuestión que tiene su aquel, y una nutrida representación de seguidores de Osasuna lo solventó comiendo a las once de la mañana. Entré en un bar, cercano a El Sadar, para tomarme un café y un pintxo, y allí, a mediodía, las mesas estaban repletas de gente, que estaba terminando de comer, así que habían empezado un tiempo antes, como se podía deducir de lo que quedaba sobre la mesa. Algunos estaban con el postre, otros con el segundo plato, y los más madrugadores se estaban trasegando el café y la copa de sobremesa. Y no quedaba ni una mesa libre. Se adaptaron de maravilla al horario europeo, y eso que jugaban en casa y tampoco es tan descabellado  irse, un domingo, a comer a casa a las cinco de la tarde.

Raúl García. En fin. Vayamos con el meollo de la cuestión: el partido que jugó el Athletic, que fue de más a un poco menos en la primera parte; a menos claramente en la primera media hora de la segunda, y a más de nuevo en los minutos finales. En mi opinión, tuvo mucho que ver con el asunto, la lesión de Raúl García, que era el futbolista que mejor había entendido el partido en los primeros 45 minutos. Con la defensa bien ordenada e impenetrable, Raúl, organizó el juego de medio campo hacia adelante, fue el faro que guió al equipo de Garitano, el que hilvanó la estrategia de Garitano y el que movió el árbol de Osasuna. Afortunadamente, su salida del campo no condicionó el resultado.

El VAR. A Raúl García le anularon un gol que parecía legal a todos los efectos, y más todavía después de que la oficina de despropósitos arbitrales enviara a la televisión la imagen del VAR. Sigo mirándola, sigo dándole vueltas y sigo sin encontrar las razones para pensar que Raúl estaba en fuera de juego al salir la pelota de la bota de Iñaki Williams. Los árbitros trazan las líneas del defensa y de Raúl y allí sigue sin verse la posición adelantada del jugador del Athletic. Líneas, por cierto, de trazo grueso, que se pueden interpretar de una forma u otra. En este asunto estoy seguro de una cosa: si el juez de línea no llega a levantar el banderín y la primera decisión del árbitro es conceder el gol, pienso que el VAR lo hubiera dado por válido. Entre bomberos no se pisan la manguera en la medida de lo posible.

Bienvenido a Primera. Garitano nos sorprendió con la presencia de inicio de Ohian Sancet y un planteamiento valiente, porque podría haber optado por otra solución más conservadora ante la ausencia de Muniain. Decidió darle minutos a un chaval que parece destinado a tener una exitosa carrera futbolística, y acertó. Al margen de que recibió un par de entradas con las que los jugadores de Osasuna parecían darle la bienvenida a Primera División, Sancet completó una buena primera parte, con una clarividente asistencia de gol y un movimiento entre líneas muy adecuado a las características del rival, con la defensa muy abierta y propiciando el descontrol entre líneas. En la segunda parte perdió algo de protagonismo porque cambió el juego de los dos equipos. Necesita minutos y los tendrá.

Kenan Kodro. Su aparición no pudo ser más oportuna. Salió, jugó 45 minutos y marcó el gol de la victoria, después de controlar con un pie y chutar con el otro. Ha tenido muy pocas apariciones, pero el gol demuestra que está enchufado. Tal vez no sea un crack, y estará más minutos en el banquillo que sobre el césped, pero puede ser una solución concreta a problemas concretos. La polémica sobre si tiene que ser Villalibre el elegido es absurda. No creo que Garitano se mueva por filias o fobias, sino que trata de elegir, adecuadamente o no, al que cree que más puede aportar. En Pamplona acertó. Como con los otros cambios. El gol de Kodro llegó después del cabezazo de San José y el sombrero de Lekue, los otros dos que salieron desde el banquillo.

Unai Simón. Está empezando a demostrar que es portero para el Athletic. Ha cometido errores y los seguirá cometiendo, porque ningún guardameta se libra de ellos, pero sus dos últimas actuaciones a domicilio nos han mostrado a un jugador sólido, capaz de salvar o ganar puntos. La estirada con la que se ilustran estas líneas, en una magnífica fotografía de Juan Flor, es una de las grandes paradas que hizo frente a Osasuna, y además en un momento clave, el descuento del primer tiempo. Con un poco de suerte y algo de paciencia, el eterno debate sobre la portería se puede ir apagando.

Garitano. Se pueden discutir sus decisiones, algunos de sus planteamientos, incluso su forma de afrontar algunos problemas, pero no se pueden discutir, de ninguna manera, sus números. Desde que cogió el equipo, el Athletic ha avanzado una barbaridad. Se completó en Pamplona una Liga completa desde que está en el banquillo. Sus estadísticas son fantásticas. El Athletic es el cuarto equipo de la Liga en este periodo y el segundo, después del Atlético, con menos goles en contra. Con el tiempo, las cosas cambian. Por ahora, es el entrenador ideal.

 

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