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Un chiste de Joaquín

IMAGEN ATHLETIC CLUB
JON RIVAS

Hace ya bastantes años, e invitado por la Diputación de Jaén, acudí a la presentación de una etapa de la Vuelta a España, que después se celebró unas cuantas veces, y que finalizaba en el alto de la Pandera. Nos juntaron a unos cuantos periodistas, nos alojaron en un buen hotel, y al día siguiente de nuestra llegada, a primera hora, nos llevaron en autobús a recorrer la etapa y, sobre todo, las últimas rampas de la ascensión. Era a finales de 2001. Después del paseo turístico, los organizadores nos llevaron a comer al Parador de Jaén, que compruebo ahora que está cerrado –aunque se reabrirá en 2020–, y que tiene unas vistas espectaculares sobre la ciudad.

En aquella comida me senté al lado de un grupo de periodistas sevillanos, y como suele ocurrir en estos casos, la conversación pasó del ciclismo al fútbol. Alguien sacó el nombre de Joaquín. Llevaba pocos meses en el Betis pero ya había comenzado a destacar por su desparpajo en el campo y fuera de él. «Es muy gracioso», decía uno. Otro contó la anécdota de su fichaje. Le hicieron una ficha de diez millones de pesetas (el euro no entró hasta enero de 2002), una bonita cantidad. Según cobró, se fue a un concesionario de Mercedes y se compró un modelo que costaba nueve millones de pesetas. Alguno de sus compañeros, y también el periodista que lo contó, le dijeron que aquello era una barbaridad, le preguntaron que cómo se compraba un coche tan caro. Su respuesta: «Todavía me queda un millón para gasolina». Su primer chiste como profesional.

Luego contó muchos más, algunos de los cuales se han hecho virales a través de las redes sociales, y también ha prosperado su carrera, primero en el Betis, después en el Valencia, más tarde en el último Málaga boyante, y por último en la Fiorentina, antes de regresar a su casa en el Betis. Ha sido un jugador muy bueno, y sigue siéndolo a pesar de la edad. Lo de la gracia lo aparcaría, porque como avisó alguien, está a un chiste de pasar a la categoría de cargante. De Joaquín recuerdo una magnífica actuación en San Mamés, aunque fuera sólo media hora, combinando con Oliveira a toda velocidad. El Betis, que se había puesto 0-3, pasó a perder 4-3 después de tres goles de cabeza en tres saques de esquina y una genialidad de Yeste. Luego empató a cuatro Oliveira. Hubiera sido demasiado que se produjeran dos remontadas idénticas la misma temporada. La anterior había sido unas semanas antes frente a Osasuna.

En fin, Joaquín ha seguido jugando al fútbol y marcando goles y ya tiene 38 años. Contra el Athletic contó su chiste más gracioso –para los béticos–. Su primer hat trick en menos de veinte minutos. No me digan que no es un buen chiste. Aunque tal vez lo que lo sea  fuera la escasa actitud de los jugadores rojiblancos durante ese periodo. Se puede encajar un gol en el primer minuto, a cualquiera le puede pasar. Incluso el segundo unos instantes más tarde, pero que llegue el tercero, marcado por el mismo futbolista, es ya un chiste negro y cruel. El Athletic, que ha sabido competir casi siempre en la presente temporada, no lo hizo en el inicio del partido de Heliópolis frente a un Betis que aprovechó los regalos para anotar en sus tres primeros disparos a portería.

Y en la debacle inicial, la responsabilidad la tuvieron casi todos: los que jugaban por las bandas y quienes lo hacían por el centro. Portero, defensas, centrocampistas y delanteros, que evitar que el contrario juegue corresponde a todos, y unos por una cosa y otros por otra, convirtieron los primeros minutos rojiblancos en un chiste malo, de esos que ningún aficionado del Athletic reirá nunca. Luego, con el paso de los minutos, el marcador se maquilló, e incluso los verdiblancos se agobiaron y dejaron de hacer más escarnio, pero esos veinte minutos lo estropearon todo. El chiste que contó Joaquín no nos hizo ni pizca de gracia.

 

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