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LOS CROMOS DEL ATHLETIC

¿Peleas en el vestuario?

TEMPORADA 1953/1954

Los cromos del Athletic de la temporada 1953–54. / EDITORIAL BRUGUERA

El éxito de las colecciones de cromos iba en aumento, como el de las demás publicaciones de la Editorial Bruguera, que de nuevo llevó a su portada a los jugadores más destacados de la selección española de fútbol. Entre los once elegidos había cuatro jugadores del Athletic pero, curiosamente, no estaba Telmo Zarra que hasta entonces había sido una de las figuras más destacadas del fútbol español. Aparecían Jesús Garay, Gainza, Panizo y Venancio. El álbum se cerraba con una página en la que se ennumeraban las nueve colecciones de cromos que ofertaba la editorial: «Un mundo de maravilla para los niños». 


El vestuario es sagrado, nadie sabe lo que pasa en su interior, y menos todavía en 1953, cuando los misterios ocupaban páginas enteras de periódicos. El telón de acero separaba dos mundos. España y  Franco se consideraban parte del lado de los buenos, aunque Europa no olvidaba su pasado reciente. Eisenhower era el nuevo santo y seña en los medios de propaganda del Régimen. Aparecía hasta en la sopa, incluso pescando salmones, una afición que compartía con el dictador que mantenía encendida permanentemente la lucecita de su despacho en el palacio de El Pardo.

Lo que ocurría al otro lado del telón, en la zona fría de la guerra fría, era un arcano que nadie sabía desvelar, y menos los desinformados periodistas españoles, que debían elaborar sus noticias con los despachos de las agencias oficiales. Se sabía que Laurenti Beria, que había sido el brazo ejecutor de Stalin, estaba desaparecido, y los periódicos especulaban: «Se cree que Beria ha sido encarcelado y sometido a un lavado de cerebro». Días antes se habían lanzado dudas sobre su fuga y su intento de ponerse en contacto con agentes estadounidenses.

Para entonces el sicario soviético ya había sido fusilado y sus restos enterrados no se sabía dónde, justo cuando también se anunció que los de Trotsky, el disidente asesinado por Ramón Mercader en México, habían sido robados. Misterios sin  resolver, como el del funcionario del Foreing Office británico, desaparecido en 1951, cuya familia se esfumó también, sin dejar rastro, dos años más tarde. Luego se descubrió que era un espía. Murió en Moscú cuando ya era coronel de la KGB.

Los misterios vendían periódicos, incluso cuando se referían al Athletic. En septiembre de 1953 surgió el rumor, y se extendió por Bilbao, de que dos de los jugadores más carismáticos del equipo, Agustín Gainza y José Luis López Panizo  habían protagonizado una pelea en el vestuario y habían llegado a las manos. La Hoja del Lunes de Bilbao se hizo eco de la presunta noticia y aseguró que los futbolistas habían sido multados por el club y apartados del equipo por tres semanas.

Además, para dar más credibilidad al asunto, ninguno de los dos jugadores fue convocado para el primer partido de Liga, en San Mamés, frente al Real Madrid. El hecho de que el equipo acusara sus bajas y perdiera 2-3 no ayudaba a calmar el nerviosismo de los seguidores rojiblancos.

No parecía posible que dos de los mejores jugadores del club se hubieran enzarzado en una disputa, en un club como el Athletic en el que los futbolistas salían en cuadrilla después de los partidos. Que eran como hermanos. Además, eran dos de los componentes de la delantera mágica del equipo rojiblanco. La que maravillaba a toda la afición futbolística de España.

En el club reaccionaron rápido. El presidente, Enrique Guzmán, salió al paso. Convocó a los periodistas y se despachó a gusto sobre el rumor que se extendía por Bilbao y amenazaba con pertubar la tranquilidad del equipo.

«Es totalmente falsa esa patraña inventada en Bilbao y que seguramente ha salido de labios antiatléticos», apuntó Guzmán, que fue después el inventor de aquella expresión que pasó a la posteridad tras vencer al Real Madrid en una final de Copa: «Les hemos pasado por la piedra con once aldeanos».

El presidente estaba indignado. «Puedo afirmar rotundamente que no ha pasado absolutamente nada entre ambos jugadores y mucho menos, que se hayan agredido. El viernes 25, Guzmán convocó al club a los dos jugadores. «Han estado conmigo a la una y media del mediodía , lamentándose ambos de que pudiera haber persona de tan poco sentido común y al mismo tiempo, con ninguna caridad cristiana».

Guzmán dio su versión; aseguró que Gainza y Panizo estaban lesionados y por eso no jugaban. Los periódicos, claro, también trataron de ponerse en contacto con los protagonistas. Consiguieron hablar con Panizo, que contestó con un enigmático: «Entre Gainza y yo no ha habido nada de lo que se figura la gente». ¿Lo desmentía o lo corroboraba? El periodista, cuando llamó por teléfono al futbolista, no le dio pistas sobre su interés por hablar del supuesto suceso. Lo explicaba así: «Primero una llamada telefónica para concretar la cita. En nuestro encuentro, Panizo no da ninguna muestra de sospechar nuestra intención, pero seguro que sospechaba».

Y llegó la pregunta a bocajarro, y la respuesta del futbolista: «por favor, desmienta rotundamente esos rumores. Nada nos ha distanciado a Gainza y a mí. Yo soy amigo de todos los jugadores y particularmente, de Gainza soy íntimo».

– «¿Se llevan bien entonces?»

– «Muy bien. El que algunas veces discutamos por esta o aquella jugada no quiere decir nada, son cambios de impresiones. De ahí a lo que se comenta en la calle va un abismo…»

Se llegó a hablar de reconciliación. Panizo la desmentía: ¿Cómo va a haber reconciliación si no ha existido distanciamiento?» Y como él, el entrenados, Antonio Barrios: «Le dije a Garate, el capitán, que se enterara si había pasado algo. No hubo absilutamente nada».

Un rumor… Aunque en los cromos cada uno mira para un lado.

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