ATHLETIC
Aburridos
Jon Rivas
El árbitro se arrugó, el césped estaba en malas condiciones, la lesión de Illarramendi fue el tercer gol del Athletic, no sabemos jugar al otro fútbol, ¿qué diríamos si la Real jugara como el Athletic?, es aburrido, en la Real ya temían al encargado del VAR… He leído decenas de excusas a un resultado tan diáfano como reflejó el marcador ya pasada la medianoche del viernes, y metidos en la madrugada del sábado. Se puede encontrar incluso un recuento de jugadores de las respectivas canteras. Hay de todo. Imanol, el entrenador donostiarra, no puso ninguna; tampoco los jugadores que hablaron ante la prensa. ¿Tal vez porque no las había?
Pero bueno, es normal que aparezcan. De hecho, en Bilbao también se ponen cuando corresponde, aprovechando cualquier argumento endeble para justificar lo injustificable. Excusas hay muchas, y muy variadas; argumentos muy pocos. Y entre esos argumentos, los que se refieren a la forma de jugar de unos y otros son especialmente odiosos. Hemos tenido que leer a algún ¿analista? que el fútbol del Athletic es aburrido. Pues bueno.
Aprovechando un viaje, hace poco más de un mes estuve presenciando King Kong, uno de esos grandiosos espectáculos musicales que se producen en los teatros de Broadway, en Nueva York. Fue magnífico, me divertí mucho; la gente aplaudía a rabiar. En realidad, yo no entendía casi nada, porque mi conocimiento de inglés no me da para traducir lo que cantaban los intérpretes. Cuando hablaban era más fácil comprenderles, porque van más despacio, y vocalizan bien, pero si hubiera sido en alemán, o en ruso y no hubiera entendido absolutamente nada, habría dado igual. La diversión iba por otro lado, más allá del texto.
Me divertí tanto como se divirtió la afición del Athletic el viernes en San Mamés, o hace dos semanas, también en la Catedral, contra el Barcelona. Y es algo que se nota. A la afición del Athletic no le gusta que le den gato por liebre. Enseguida detecta cuando lo que ve en el césped es un buen espectáculo o una filfa. De hecho, creo que cualquier afición de cualquier club del mundo se da cuenta de lo mismo. Todo el mundo quiere que gane su equipo, y cuando lo hace, sale satisfecho del resultado, pero no siempre del juego, o de la actitud, o de la entrega. A veces, cuando la victoria es crucial para algo, ni siquiera exige que se crucen otros factores, pero esa no es la norma general. Si el Athletic gana pero no juega durante toda una temporada, afloran las críticas. Sucedió los dios últimos años de Valverde; se silbó a Caparrós después de meter al equipo en Europa, y tras aquel comentario de «clasificación, amigo», que le dijo a un periodista que le cuestionó por un mal partido con excelente resultado en El Sadar.
No confundamos. El Athletic ha hecho un buen partido, el de Getafe, en el que primó la conveniencia de un buen resultado frente a un rival áspero, y dos grandes partidos ante el Barcelona y la Real, en los que el equipo jugó con intensidad, con pasión, con ideas, con velocidad y con presión, y en los que desactivó al rival. Enseguida lo detectó la grada. San Mamés empuja al equipo, pero suele ser el equipo el que empuja más a la grada. Nadie se aburre. Nadie se aburriría en Anoeta si la Real jugara así –aunque si le sale el fútbol que puede hacer con los futbolistas que tiene, tampoco lo harían–. La milonga del tikitaka ha hecho mucho daño, y no tanto al fútbol en sí, sino a la percepción elitista del fútbol que se ha instalado en el cerebro de los pensadores exquisitos que pululan por ahí, y en el de sus imitadores.
Siempre digo en broma que Guardiola le ha hecho mucho daño al fútbol con su equipazo del Barcelona. No lo digo por su forma de ver el juego, que en aquellos tiempos era perfecta para los jugadores que tenía en su plantilla. Todo coincidió, todo se acopló al milímetro. Eran invencibles haciendo un juego exquisito, pero eso no se ha repetido más. La selección española fue una copia bastante buena de ese estilo –entre otras cosas, porque contaba con un buen número de los futbolistas del Barcelona–. El Bayern de Guardiola o el City de Guardiola no fueron lo mismo. Juegan muy bien, claro, porque tienen grandes futbolistas, pero la fórmula se agotó en el Camp Nou. Los sucedáneos han funcionado poco o muy poco. Quique Setién lo ha intentado varias veces, en Las Palmas o Betis, pero no es lo mismo, y así le fue.
¿Pero qué equipo es campeón de Europa en estos momentos? El Liverpool. ¿Juegan a tocarla? No. ¿Se aburre Anfield? En absoluto. Son agresivos, presionan, juegan en largo cuando hace falta, contragolpean, penetran por las bandas a gran velocidad. Con grandes jugadores, sin duda, pero con un estilo a años luz del balón sobado a la espera de un hueco. Han contratado, incluso, un entrenador para los saques de banda. El Athletic ha metido tres goles –de cuatro–, iniciados en un saque de banda. No voy a decir que el Athletic sea como el Líverpool, ni mucho menos, pero seguramente le irá mejor intentando jugar como el equipo de Jurgen Klopp que tratando de imitar al Barça de Guardiola.
Algunos confunden tener calidad con juntar un grupo de buenos peloteros. La calidad se demuestra en el campo, con buen juego colectivo, con intensidad. Ningún equipo fichará al record Guiness de los toques de balón, aunque consiga estar media hora sin que la pelota se caiga al suelo. Es un artista, sí, pero el fútbol es otra cosa, y se juega de muchas maneras. Lo adecuado es hacerlo bien.

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