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TOUR 2020

Por fin el Tour

Egan Bernal, ganador del Tour 2019, durante la presentación del jueves en Niza. © ALEX BROADWAY / ASO

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Dicen que será un Tour extraño el que comienza el sábado en Niza, pero se equivocan. Lo que fue extraño fue el mes de julio, que los adictos tuvieron que afrontar con la metadona de las etapas enlatadas que algunas cadenas de televisión tuvieron a bien desempolvar para evitar el estallido social de los más furibundos, e incluso de aquellos que sólo pueden echar la siesta mecidos por el rumor de los comentaristas en una buena etapa en línea de 250 kilómetros y totalmente llana. Eso fue extraño, ese julio que sirve de referencia a mucha gente, hasta para componer canciones, como el Boomerang de Manel: Pero pasó hace tiempo, creo que era el julio en que se fundió el Indurain / y maldecimos al danés y a las rampas de Hautacam. 

El Tour será diferente, pero no extraño, porque algo familiar no puede serlo, y el Tour es como de la familia, por eso lo que se hizo raro fue no gozar de su compañía en el mes habitual y que se vaya a correr en fechas de la Vuelta a España, como en una de esas proles numerosas que ocupan el chalé familiar por turnos, y en el que las circunstancias han obligado a modificar las fechas, e incluso a convivir algunos días, utilizando todas las habitaciones y hasta el sofá. Todos más apretados, pero felices.

El Tour que empieza en Niza no es más extraño del que corrieron los hermanos Pelissier, o Henry Cornet, o Fausto Coppi y Gino Bartali. Huele a la fragancia conocida de Eddy Merckx, Jacques Anquetil o Bernard Hinault, a los tours de posguerra, los del infierno del norte de las carreteras destrozadas en 1919 por la Gran Guerra, o el de 1947, después de la trágica II Guerra Mundial. El Tour es historia en sí mismo, y ni siquiera depende de la participación, que siempre es la mejor que puede ser, ni de las circunstancias.

Este año se tomarán medidas inéditas para prevenir los contagios por el coronavirus, los puertos de montaña estarán más vacíos de público que nunca, y los corredores deberán permanecer en una especie de burbuja durante toda la carrera, pero es ls esencia lo que sobrevive. La incertidumbre de saber si Egan Bernal volverá a ser el del año pasado; si Primoz Roglic es el más cualificado aspirante al maillot amarillo en París, se ha recuperado de la caída que hizo dudar sobre su participación. Desde el sábado, y durante tres semanas, calibraremos si Nairo Quintana está en condiciones de cumplir el sueño amarillo por el que suspira hace casi una década, o si se despertó ya. También si Mikel Landa es capaz de plantar cara, o si por fin hay un ciclista francés capaz de emular las hazañas de sus predecesores.

Es el Tour. No es extraño. Septiembre será julio por una vez. Siéntense ante el televisor y disfruten.

 

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