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GIRO 2022

Un botín apetecible

Van del Poel resiste con la maglia rosa en una etapa que gana Simon Yates

El líder, Mathew Van der Poel, atraviesa el Danubio durante la contrarreloj de la segunda etapa del Giro. © GIRO DE ITALIA

JON RIVAS

Está claro que Van del Poel no le hacía ascos al jersey rosa de líder del Giro, está claro que el nieto de Poulidor se encuentra en un estado de forma envidiable y lo demostró en la paupérrima contrarreloj –por los escasos kilómetros disputados–, que se celebró por los lugares emblemáticos de Budapest. Está claro que vestir de rosa más de un día es un botín apetecible para cualquier ciclista, y que nadie le hace ascos a ser el líder de la carrera, que ya llegarán tiempos peores y por ahora, que le quiten lo bailao.

Van der Poel salió a correr con una bicicleta rosa. Son los tiempos modernos, en los que los camiones de material están preparados para todo, hasta para guardar una bici para el líder del equipo, previendo que pudiera ganar la primera etapa como hizo y lucir los colores del líder en la máquina. Previsión también, por supuesto, del fabricante, que publicita su material a través de los equipos que compiten con él.

No es nada nuevo. Cuando las grandes carreras comenzaron a florecer, las empresas que fabricaban bicicletas, allá a principios del siglo XX, se lanzaron a patrocinar a los corredores más importantes. Las páginas de los periódicos se llenaban de anuncios de las marcas con los nombres de los corredores que competían con ellas. Se formaron equipos y comenzó una dictadura de las fábricas, que llegaban a bloquear las carreras con sus corredores para que venciera quien les convenía, que Henri Desgrange, el patrón del Tour, se hartó de tanta componenda y decidió que todos los ciclistas corrieran con  las misma bicicletas, entregadas por la organización y pintadas todas del mismo color. La decisión del patrón duró unos cuantos años, pero tuvo marcha atrás. Ahora las marcas de bicicletas son más discretas que en aquellos tiempos, al menos a la hora de inmiscuirse en el aspecto deportivo. Siguen queriendo vender bicicletas, pero de otra forma.

De momento, el Giro no dice nada, salvo en el color de las bicicletas. Posiblemente empezará a decirlo en las laderas del Etna, cuando los ciclistas ya estén en Italia y empiece lo bueno, pero desde el principio siempre aporta datos significativos. Simon Yates, que ganó la carrera en 2018, fue el vencedor de la crono, con tres segundos de ventaja sobre Van del Poel, que acabó segundo en un desenlace esperado, porque no se le esperaba para disputar los primeros puestos pero sed mostró firme en el empedrado y estuvo a un paso de desbancar al ganador de la silla caliente en la que sientan a quien va primero en la crono. No lo hizo, pero sigue líder.

Entre Yates y Van der Poel le amargaron la tarde a Dumoulin, que partía como favorito y sólo pudo ser tercero.

 

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