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GIRO 2022

Un muerto muy vivo (2)

Mark Cavendish vuelve a ganar una etapa del Giro después de nueve años con una fortaleza descomunal

Cavendish levanta los brazos tras vencer en la tercera etapa del Giro. © GIRO DE ITALIA.

JON RIVAS

Debo confesar que yo soy uno de los que dieron por muerto a Mark Cavendish. Muerto deportivamente, se entiende. La primera vez que lo traté de enterrar coincidió con la caída que sufrió en el Tour de 2014 que comenzó en Leeds. Aunque él nació en la isla de Man, –donde murió el piloto Santiago Herrero, madrileño de nacimiento y bilbaíno de adopción–, su madre era originaria de la  localidad inglesa y quería dedicarle una victoria en la puerta de su casa. Se pegó un trompazo de aúpa y se tuvo que retirar. Era un tipo que no me caía bien y pensé que había llegado su hora, pero al año siguiente ganó una etapa y dos después se llevó cuatro.

Luego llegó la sequía, y entonces creí que era la definitiva, que los mejores tiempos de Cavendish habían pasado y que nunca conseguiría llegar a alcanzar el récord de victorias que había establecido Eddy Merckx con 34 y que databa de los años setenta, cuando el Caníbal dominaba a su antojo en todas las carreras. Pero, miren por dónde, se ha dado la circunstancia de que Mark Cavendish está hecho con la misma esencia del Real Madrid en la Champions, que cuando parece acabado resurge, por mucha rabia que les dé a sus odiadores, y yo lo fui de Cavendish, y no me cuesta confesar que también bastante del Madrid. Pero a ellos, claro, les importa un pimiento y van a lo suyo.

Resulta que el año pasado, Cavendish le rogó a Patrick Lefevre que le buscara un puesto en su equipo, casi se lo tuvo que mendigar. De hecho, firmó por el Deceuninck por el salario mínimo. Ganó cuatro etapas y consiguió el jersey verde de la regularidad, todo un logro, pero Lefevre es un tipo duro de pelar. En diciembre comentó que Cavendish quiere ahora más dinero, después de que ellos le sacaran del barro y aseguró que este año no iría al Tour: «Jakobsen será nuestro sprinter, no voy a llevar a dos», dijo.

Cada vez que Lefevre abre la boca sube el pan, o eso parece. El año pasado, el elegido para correr el Tour era Sam Bennet, que había ganado el maillot verde en 2020, pero una caída le apartó y salió el suplente, Mark Cavendisk. Para Bennet también tuvo Lefevre algunas palabras cariñosas: «Yo tengo pelotas, él no. Está en la cima de debilidad mental. Es como una mujer que vuelve a casa tras recibir abuso doméstico», dijo en su momento. En El Giro le siguen preguntando por la presencia de Cav en el Tour, y Lefevre se sigue molestando cuando se lo preguntan. Insiste en Jakobsen: «Estoy un poco cansado de la pregunta. El año pasado, Sam Bennett era nuestro velocista y todos saben lo que pasó». Claro que también le inquirieron, antes de comenzar en Budapest, por cuál sería el resultado de Cavendish en el Giro por el que se sentiría satisfecho: «Si gana una etapa», dijo. «Luego es más fácil ganar la segunda».

Así que, por esa regla de tres, Lefevre ya está satisfecho con la actuación del británico, que después de nueve años, volvió a vencer en una etapa del Giro, y ya lleva quince triunfos parciales. Lo consiguió con un sprint de fuerza en el que tuvo que poner proa al viento durante más terreno del habitual, a pesar del esfuerzo de su compañero Morkov para llevarle hasta los últimos cien metros. Se impuso al francés Demare con una autoridad absoluta. Como Lefevre, en otra de esas declaraciones con fuego amigo, había dicho que Cavendish no se podía quejar del trabajo de sus compañeros de equipo, nada más bajarse de la bicicleta, y con una sonrisa de oreja a oreja, fue buscando a cada uno de los corredores del Quick Step para abrazarlos y agradecerles el trabajo.

Ahora Lefevre está en la encrucijada. Si lleva a Jakobsen al Tour y  no gana etapas, todos los palos caerán en sus amplias espaldas. De hecho, el único que apoyará su decisión será Eddy Merckx, el hombre que comparte el récord de victorias en el Tour con Cavendish. Si ya respiró el 18 de julio del año pasado cuando su compatriota Wout Van Aert ganó en los Campos Elíseos y preservó su récord compartido, es posible que le envíe a Lefevre una botella de champán del caro si finalmente no selecciona a Cavendish. O tal vez una caja.

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