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TOUR 2022

¿Otro punto de vista?

TOUR DE FRANCIA / NOVENA ETAPA

El getxotarra Jonathan Castroviejo, segundo en la etapa, precede a Pinot, que acabó cuarto. © CHARLY LOPEZ / ASO.

AIGLE / CHÂTEL – LES PORTES DU SOLEIL (193 KMS.)
GANADOR: BOB JUNGELS LIDER: TADEJ POGACAR


A las puertas del sol ganó Bob Jungels, que es un ciclista bien parecido, elegante. Le comparan con algún actor de cine, y tal vez sea la versión del siglo XXI de Hugo Koblet, sobre el que, precisamente, escribía ayer en EL PAÍS, un artículo que titulé El James Dean del ciclismo, porque falleció joven en un accidente de automóvil. Al ciclista suizo, su porte y su fama le apartaron prematuramente del ciclismo y nunca se aclararon del todo las circunstancias de su muerte. Jungels no es así, claro, ni tiene la misma clase, ni ganará nunca un Tour. Son otras circunstancias, otras épocas. Nadie pierde ahora las fuerzas como Koblet, por una sífilis. Los ciclistas de ahora son más de covid, como Guillaume Martin, que se retiró después de dar positivo.

Segundo en la etapa, por detrás del bello Jungels, fue un chico de mi pueblo, Jonathan Castroviejo, que acabó enfadado por no ganar. «Si la etapa llega a tener un kilómetro más le pillamos», a Jungels, dice, pero las etapas tienen los kilómetros que tienen, y no pudieron ni el ni Verona, aunque sí que superaron a Pinot. «No tengo muchas oportunidades de entrar en las fugas, la última vez fue en el Giro de hace unos años. Además siento ya el desgaste de los primeros días, en los que he tenido que trabajar mucho en las etapas del viento», se lamentaba Castroviejo, cuyo apellido siempre me recuerda a mi amama, que llamaba así al barrio en el que vivo, y que cambió su nombre por el de Gazteluzarra, que es lo mismo pero en euskera.

Una lástima, porque con una victoria de Jonathan, podríamos haber repetido la escena de otro paisano, Roberto Laiseka, ganador en Luz Ardiden en el Tour de 2001, homenajeado después en la plaza de San Nicolás de Algorta, con todo merecimiento. Fue un día muy bonito aquel, aunque tardé luego seis horas en recorrer los 70 kilómetros hasta mi infecto hotel en Lannemezan del atasco que pillé después de acabar mi trabajo.

Poco después de que entrara en la meta Pinot, apareció por allí, a toda velocidad, el grupo de los favoritos, encabezado como siempre por  Tadej Pogacar, otra vez apuntando a una exhibición. Como el día anterior, como el jueves o el viernes, siempre arrancando para distanciar a sus rivales. Parece que Pogacar tiene el Tour en el bolsillo, y a simple vista, su dominio es abrumador, pero rasquemos un poco los datos y preguntemos: ¿Hay otro punto de vista? Porque Pogacar es el protagonista desde que comenzó la carrera. En la etapa del pavés distanció a Roglic, que parecía, en principio, su gran rival. Sin embargo, vayamos a la clasificación general, en la que Jonas Vingegaard está a sólo 39 segundos, y detrás hay pesos pesados como Geraint Thomas, Adam Yates, Gaudu, Bardet, Pidcock o Enric Mas, a menos de dos minutos del líder. No se sabe lo que puede suceder, pero en una carrera en la que la sensación general es de dominio abrumador, la diferencia no se corresponde con lo que se percibe en el ambiente.

Evidentemente, Pogacar es el favorito, pero pueden suceder muchas cosas en dos semanas de carrera. Hay averías, accidentes, alianzas, ataques, que pueden hacer daño al esloveno, que también podría quedarse aislado, o agotarse ante ataques sucesivos de sus rivales. El año pasado, también en la octava etapa, tenía casi sentenciado el Tour. Dejó a Van Aert a 1,48m, a Vingegaard, que era quinto, a cinco minutos. Al acabar en París, el danés sólo había perdido 20 segundos más. Terminó segundo a 5,20m. Ahora, Pogacar tiene a ocho rivales a menos de dos minutos. En 2021, sólo Van Aert, que no contaba para la victoria final, estaba a esa distancia.

Ojo.

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