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TOUR 2022

El bloqueo

TOUR DE FRANCIA / DÉCIMA ETAPA

Tadej Pogacar acelera para entrar por delante del pelotón en la meta de Megève. © PAULINE BALLET / ASO.

MORZINE / CHÂTEL – MEGÈVE (148,5 KMS.)
GANADOR: MAGNUS CORT LIDER: TADEJ POGACAR


Era todo un carácter Bernard Hinault, y en marzo de 1984 no se le ocurrió otra cosa que pegarse con los manifestantes que bloqueaban la carretera durante la cuarta etapa de la París-Niza en la que iba escapado junto a un grupo de corredores. Y no eran media docena de ecologistas como los que interrumpieron la etapa del Tour como protesta por la instalación de una fábrica de residuos cerca del Mont Blanc, ni mucho menos. En aquel entonces eran más de 300 metalúrgicos de un astillero de La Ciotat. Vamos, como si se manifestaran los trabajadores del Astillero de Cádiz o la Naval de Sestao, gente aguerrida, ninguna broma. Pues bien: Bernard Hinault se abalanzó contra ellos con su bicicleta, sin frenar, y nadie se apartó, así que se fue al suelo, se levantó y le lanzó un puñetazo al primer obrero que tuvo a mano. Iba a por el segundo, cuando otro trabajador le agarró por detrás del pelo y le frenó. Fue entonces cuando comenzó a llegar más gente que contuvo al ciclista, desatado porque aquellos señores intentaban birlarle una victoria. Lo pueden ver en el siguiente enlace, porque las imágenes quedaron para la historia.

Ni las manifestaciones son las de antes, ni los ciclistas se enfrentan a los manifestantes. Bettiol, que iba en cabeza, se limitó a esquivar a quienes interrumpían la carrera. Ni siquiera los medios de comunicación son los de antes. De la furia de Hinault han quedado imágenes para siempre, de los ecologistas del Mont Blanc, apenas retazos, porque estamos en la época de lo políticamente correcto, y el criterio es ocultar lo que sucede, algo a lo que, como periodista, me opongo, porque estamos para contar lo que pasa, y aquello estaba pasando aunque la televisión francesa lo intentara ocultar. No me vale lo del efecto llamada. Ya casi nada fuera de lo común se ve en las retransmisiones deportivas, ni los accidentes de la Fórmula 1 hasta que se corrobora que el accidentado está bien, ni las carreras de los que saltan a un campo de fútbol. Con ese criterio, la memorable carrera de un seguidor del Athletic esquivando policías en San Mamés mientras enarbolaba una bandera rojiblanca, habría pasado desapercibida. Se grabó, y está en la historia, qué quieren que les diga.

En fin, que hablo de otras cosas, porque de la carrera, al margen de la victoria de Magnus Cort Nielsen, que se la trabajó, como el resto de quienes llegaron a la meta junto a él, hay poco que decir, salvo que el equipo del líder, Tadej Pogacar, trabajó a destajo para bloquear la etapa y conseguir que Kamna, del Bora, se vistiera de amarillo y le quitara la responsabilidad de defender al líder. Otros aceleraron al final para que no sucediera, porque querían conseguir todo lo contrario. Por cierto: la postura del UAE es razonable a la vista de que antes de que saliera la etapa, dos de sus hombres, Bennett y Majka, dieron positivo. El segundo pudo salir porque su carga viral era escasa. Un gran susto que podría haber dejado desnudo al rey Pogacar.

En plenos Alpes, la carrera toma otra dimensión a partir de la undécima etapa. Ya no habrá bloqueos que valgan. Con el Telegraphe y el Galibier, la montaña que según Henri Desgrange, desnuda a las demás cimas del Tour, cada uno viajará con sus propias fuerzas. En Serre Chevalier empezará el principio del fin.

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