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TOUR 2022

Una Fanta en la meta

TOUR DE FRANCIA / DECIMOTERCERA ETAPA

Mads Pedersen se refresca nada más atravesar la línea de meta en Saint Étienne. © EUROSPORT.

LE BOURG D’OISANS / SAINT ÉTIENNE (192,5 KMS.)
GANADOR: MADS PEDERSEN LIDER: JONAS VINGEGAARD


La Fanta se inventó en Alemania, en 1940, cuando Estados Unidos dejó de exportar el jarabe con el que se fabrica la Coca Cola a las distribuidoras del régimen nazi. El propietario de esas factorías decidió aprovechar las máquinas que mezclaban el producto para no dejarlas paradas, y comenzó a producir un sucedáneo de la bebida refrescante norteamericana. Buscó un nombre y pidió ideas entre sus empleados. Les dijo que tenía que ser algo fantástico, y el más listo de la clase cogió la sugerencia al vuelo y propuso Fanta. Se quedó para siempre, incluso cuando los estadounidenses ocuparon el país junto al resto de aliados, y la compañía Coca Cola compró la marca.

Pero  no consiguieron ser los primeros en llegar con los refrescos de naranja. Fueron los herederos de otro alemán, que emigró a Vitoria, Roman Knörr, y que estableció una fábrica de gaseosas llamada As, los que en 1956 le echaron zumo de naranja, pusieron  por delante la inicial de su apellido y se inventaron el Kas, una marca muy unida al ciclismo a través de un equipo sensacional, y que consiguió incluso que uno de sus corredores, José Nazabal, ganara una etapa del Tour de 1977, que comenzó en Oloron y terminó a las puertas de la fábrica de Kas.

Los ciclistas de ahora, sin embargo, prefieren la Fanta; es la bebida favorita de muchos de los corredores que disputan el Tour. El asistente de confianza del UAE de Tadej Pogacar, le espera cada día en la meta con una lata bien fría del refresco. Es su capricho. Quita la sed y poco más. Tiene beneficios más sicológicos que prácticos en la recuperación del corredor. A otros, como a Peter Sagan, les da por las chucherías. Se toma ositos de goma, y otros ciclistas comenzaron a imitarlo. Pedersen, el ganador de la etapa, también es de Fanta. Venció en Saint Étienne, lo celebró brazos en alto, recorrió unos pocos metros hasta llegar a la altura de su auxiliar, que también le esperaba con una lata sabor naranja, y después de apoyarse unos segundos sobre el manillar, para recuperar el resuello, se bebió el refresco casi de un trago.

Es un premio diario que se permiten los ciclistas después de casi 200 kilómetros bajo la canícula. No estaban los favoritos para demasiadas veleidades a la salida de los Alpes, y dejaron que fueran otros los que trataran de armar la marimorena. Controló el Jumbo como se espera del equipo del líder, que es además un grupo sólido, y dejó hacer a quienes no constituyen un peligro para la clasificación, entre ellos Pedersen, que fue campeón del mundo hace tres años bajo el chaparrón en Yorkshire, luce por tanto, galones arcoiris en la bocamanga de sus maillots, y tiene una punta de velocidad que disuadía de hacer apuestas sobre el resultado del sprint a tres que se montó. Ganó con suficiencia, se anotó un triunfo más en su carrera, sumó la tercera muesca danesa en el Tour que además comenzó en su país, y después se bebió la Fanta de naranja, el mayor premio para un corredor después de llegar a la meta.

Por cierto: cuando Miguel Indurain ganó su primera carrera como infantil, el premio que le animó a seguir compitiendo fue una Fanta de naranja.

 

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