{"id":1164,"date":"2016-11-07T21:32:53","date_gmt":"2016-11-07T21:32:53","guid":{"rendered":"http:\/\/jrivasalbizu.com\/?p=1164"},"modified":"2018-12-20T17:35:54","modified_gmt":"2018-12-20T17:35:54","slug":"una-partida-de-ajedrez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/jrivasalbizu.com\/?p=1164","title":{"rendered":"Una partida de ajedrez"},"content":{"rendered":"<h5><span style=\"font-size: 16px; font-family: abc2font; color: #333333;\"><strong><span style=\"font-family: abc2font;\"><span style=\"font-size: 16px;\">\u00a0<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone wp-image-5336\" src=\"https:\/\/jrivasalbizu.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/WSJ3-300x300.jpg\" alt=\"\" width=\"62\" height=\"62\" srcset=\"https:\/\/jrivasalbizu.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/WSJ3-300x300.jpg 300w, https:\/\/jrivasalbizu.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/WSJ3-1024x1024.jpg 1024w, https:\/\/jrivasalbizu.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/WSJ3-150x150.jpg 150w, https:\/\/jrivasalbizu.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/WSJ3-768x768.jpg 768w, https:\/\/jrivasalbizu.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/WSJ3-1536x1536.jpg 1536w, https:\/\/jrivasalbizu.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/WSJ3-80x80.jpg 80w, https:\/\/jrivasalbizu.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/WSJ3.jpg 1688w\" sizes=\"auto, (max-width: 62px) 100vw, 62px\" \/>\u00a0 <\/span><\/span><\/strong><span style=\"font-family: abc2font; font-size: 16px;\"><span style=\"font-family: sanregular;\">\u00a0<img decoding=\"async\" class=\"alignnone wp-image-5197\" src=\"https:\/\/jrivasalbizu.com\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/Sin-titulo-1.png\" alt=\"\" width=\"1.1\" height=\"62\" \/>\u00a0 \u00a0<\/span><\/span><span style=\"font-family: vocento-serif-bold;\"><strong>Jon Rivas\u00a0<\/strong><\/span><\/span><\/h5>\r\n<hr \/>\n<p>Hay partidos de f\u00fatbol indescifrables, como alguna de las partidas de ajedrez que jugaron Spassky y Fischer en su memorable duelo de 1972, y que se convirti\u00f3 en una batalla m\u00e1s de la guerra fr\u00eda. Aquel fue un enfrentamiento que casi se convierte en un conflicto diplom\u00e1tico; \u00e1spero, muy t\u00e1ctico, desagradable a veces, en el que se confrontaban\u00a0la rapidez y la agilidad mental del estadounidense contra el academicismo ortodoxo del sovi\u00e9tico, esa m\u00e1quina de picar carne sobre un tablero. Dos genios frente a frente. En Barcelona, Ernesto Valverde jug\u00f3 con negras. Se sab\u00eda en inferioridad frente a un rival m\u00e1s \u00e1gil, m\u00e1s fuerte, y tuvo que mover las piezas a la defensiva y esperar que el reloj del Espanyol agotara su tiempo. El Athletic empieza a sufrir el desgaste de combinar la Liga con la competici\u00f3n europea en forma de bajas. El equipo que salt\u00f3 al campo en Cornell\u00e1-El Prat era apenas reconocible. Por supuesto, todos los que jugaban formaban parte de la plantilla del primer equipo rojiblanco, pero como sucede en el ajedrez, donde las combinaciones se cuentan por billones, la alineaci\u00f3n que tuvo que montar el t\u00e9cnico del Athletic no se parec\u00eda en nada a cualquier otra que hab\u00eda ensayado en todos los partidos del campeonato.<\/p>\n<p>El teorema del mono infinito dice que un simio, pulsando teclas al azar de una m\u00e1quina de escribir durante un tiempo infinito, acabar\u00eda escribiendo el Quijote (en la versi\u00f3n anglosajona se habla de Hamlet). Valverde puls\u00f3 todas las teclas posibles para componer un equipo y le sali\u00f3 un empate, que despu\u00e9s de 90 minutos de juego es lo \u00fanico que se pod\u00eda esperar de un partido indescifrable desde el principio como las partidas Spassky-Fischer. Fue un ejercicio \u00e1rido desde el pitido inicial, como pudo comprobar Balenziaga enseguida, cuando su cabeza choc\u00f3 contra la de V\u00edctor S\u00e1nchez y le qued\u00f3 un recuerdo de cuatro puntos de sutura en la ceja. Etxeita tambi\u00e9n sali\u00f3 malparado minutos despu\u00e9s, con una contusi\u00f3n en la rodilla que le impidi\u00f3 seguir en el campo. Si la alineaci\u00f3n inicial ya estaba llena de parches, el movimiento de piezas despu\u00e9s result\u00f3 obligado.<\/p>\n<p>No es que el Espanyol pusiera en demasiados apuros a Kepa Arrizabalaga, ni mucho menos, porque aparte de un par de arranques de coraje de los locales, el Athletic control\u00f3 bastante bien la situaci\u00f3n, pero ya se ve\u00eda desde muy pronto que marcar un gol iba a ser una tarea de titanes. Hasta Valverde se dio cuenta en la segunda mitad, cuando retir\u00f3 del campo a Aduriz, que hab\u00eda puesto un par de toques de calidad tras el descanso, pero que estaba muy solo arriba, sin suministros de ning\u00fan tipo, porque Sabin Merino parec\u00eda de vacaciones y Williams andaba m\u00e1s atareado en tareas de contenci\u00f3n, probablemente porque as\u00ed se lo hab\u00eda pedido el entrenador. Eraso, mientras, se enredaba entre tanto esfuerzo por estar en todas partes.<\/p>\n<p>Valverde mov\u00eda sus piezas para evitar el jaque mate del Espanyol, y parec\u00eda conformarse con las tablas. Se encomend\u00f3, tras la lesi\u00f3n de Etxeita, a la solvencia defensiva de B\u00f3veda y Yeray, un ejemplo de concentraci\u00f3n e intensidad desde que lleg\u00f3 al primer equipo. Kepa, el portero, no tuvo demasiados sustos. El m\u00e1s grande, en el descuento, segundos antes de que el \u00e1rbitro se\u00f1alara el final, en un remate de Hern\u00e1n P\u00e9rez, que detuvo con seguridad.<\/p>\n<p>La ocasi\u00f3n del Espanyol se fue al limbo y Valverde firm\u00f3 las tablas, que era lo \u00fanico que pod\u00eda esperar. Hubiera sido complicado ganar el choque, que fue como una partida de ajedrez, sin lanzar ni una sola vez\u00a0a puerta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay partidos de f\u00fatbol indescifrables, como alguna de las partidas de ajedrez que jugaron Spassky y Fischer en su memorable duelo de 1972, y que se convirti\u00f3 en una batalla m\u00e1s de la guerra fr\u00eda. 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