GIRO 2008
FAVORITO, AHORA SÍ
Contador admite, tras superar la durísima subida a Corones, que es el mejor colocado para ganar
Jon Rivas / Enviado especial
PLAN DE CORONES.— En la cima de Plan de Corones esperaba Reinhold Messner, el mítico alpinista italiano. El primer montañero que ascendió al Everest sin ayuda artificial. Un purista, leyenda viva. «Esto es deporte en su máxima expresión», contestó cuando Salvo Aiello, el animador de las llegadas, le preguntó sobre la brutal cronoescalada. «No sé siquiera si sería capaz de montar ahora en bicicleta», decía, mientras llegaba agotado a la meta el mexicano Pérez Cuapio.
Messner, el huraño, que repartía apretones de mano forzados, es un símbolo de la escalada sin más ayudas que la propia fe, la determinación por conseguir un objetivo. «Esto es terrible», repetía.
Todos así. «Esto no es un puerto. Es una mierda». El ruso de Pamplona, Vladimir Karpets, había un español contumaz. No se cortaba. «Puertos fueron los de los días anteriores. Todo por el espectáculo». Dice lo mismo Juanma Garate, el vasco del Quick Step. «Soy ciclista de carretera. Si seguimos así, el año que viene me meto también al mountain bike. No creo que ver a los ciclistas retorcerse sea manera de ganar público».
También Alberto Contador se dio cuenta por la mañana, muy temprano, de que los italianos no se andan con chiquitas cuando les toca diseñar una etapa para hacerla dura. Desde su hotel se acercó a la salida en el coche de su director. Ascendió hasta el Passo Furcia observando todo: las curvas, el desnivel, la nieve en las laderas. «Muy duro», dijo. Pero aún faltaba lo peor. Allí, a cinco kilómetros de la llegada, tenía que bajarse del coche. Prohibido a los vehículos de cuatro ruedas. Descolgó la bicicleta de la baca y se montó. ¿Qué era aquello, ciclismo o ciclocross? «Si llueve, lo pasaremos muy mal».
Pero el madrugón le vino bien. Y la subida después del desayuno. Cuando llegó al hotel le pidió a su mecánico que pusiera un piñón más en el desarrollo. Salió con una multiplicación de 30×34. «Ha sido fundamental para conservar la maglia», confesaba después.
Antes de Contador, algunos, como Kiryienka, llegaron a pie. Una avería en los últimos metros resultó fatal. A Riccò también se le saltó el cambio en el último kilómetro. «Hay que buscar la pista buena. Si te metes en una trampa te salta la cadena como si se rompiera», decía Joaquim Rodríguez, del Caisse d’Epargne, tras pasar el mal trago.
«No soy una buena referencia, porque no he disputado», comentaba, pero «no habrá distancias grandes». Pero estaba la cuestión psicológica. Quién iba a ser más fuerte que los demás entre los grandes. El retador Riccò se postulaba. Desde el seno del Astana le señalaban como favorito. Tal vez sólo era una táctica.
Porque salvo Gilberto Simoni, que le distanció en cinco segundos, ninguno de los favoritos consiguió estrechar los márgenes con Alberto Contador. «Todavía no está cerrado el Giro», sentenciaba el gran Eddy Merckx tras la etapa, aunque poco convencido. Sabe, como los demás, que Contador ha salvado las jornadas más difíciles.
Ajeno a los tiempos de Pellizotti, ganador de la etapa, y del sorprendente Sella, que acabó segundo, la pelea del madrileño era mantener las diferencias con Riccò, Simoni, Di Luca o Menchov.
Ahora es tal vez el más optimista de los ciclistas que disputan la carrera. También el ganador ayer, Franco Pellizotti, le considera favorito. «Seguramente no sea el mismo que el del Tour del año pasado, ha pasado dificultades en los puertos, pero creo que va a ganar el Giro».
Contador se apunta, aunque no lo diga. Pero de sus cuentas se deduce. «Creo que estos tres días importantes que quedan no me perjudican con respecto a los demás favoritos. Lo más difícil para mí fue el principio y estas tres jornadas ya han pasado. Ahora, mi estado de forma es mejor que al principio».
