Conecte con nosotros

GIRO 2008

GLORIA ROSA PARA CONTADOR

El ciclista madrileño se adjudicó la carrera tras rubricar una cómoda contrarreloj

Alberto Contador hace el gesto del pistolero tras atravesar la línea de llegada en Milan.
       Jon Rivas / Enviado especial

MILÁN.– El mecánico del Astana, Faustino Muñoz, deja los coches del equipo como los chorros del oro. Después de montar y desmontar bicicletas con precisión de cirujano, para que no le falle el plato de 54 dientes, agarra la pistola de agua a presión y limpia, y da esplendor, como los académicos de la lengua al diccionario. Es el día de Alberto Contador. De sol y confeti rosa. El día que el madrileño logró su primer Giro de Italia.

El día de Macarena, su novia. El de Johan Bruyneel. También el de Faustino, que tiene la rara habilidad de no mojarse los bajos del pantalón mientras dispara la pistola de agua contra el coche. Debe dejar los vehículos impolutos, brillantes, que es un domingo de fiesta. Para que reluzcan cuando Alberto Contador dispare también, ¡pám!, en la línea de meta, después de darse dos golpes de pecho con rabia y orgullo. Dedicado a Macarena.

Es día de fiesta. Por eso Alberto se levanta tarde. Hasta las 10, los compañeros pasean de puntillas por delante de la habitación 215 del Axolute Comfort Hotel de Cantú. Le han dado la suite al campeón, y la aprovecha. Cuando se despereza pone la televisión, que está repitiendo la etapa del día anterior. La ve y sabe que ha ganado el Giro.

Después se levanta, se ducha. Se viste con una elástica blanca y baja a desayunar. No tiene prisa. Saldrá el último a correr. Por detrás del impaciente Riccò. Un piso por encima, Sella, el héroe de las montañas, saluda a los amigos. Sonríe como cuando subía la Marmolada. El ruido no llega al comedor, que está tranquilo. Abierto sólo para el campeón.

Los coches ya están limpios, Faustino ha terminado su trabajo, cuando se levanta, sonríe a los periodistas y dice que está tranquilo, que ha dormido bien. Y se va a estudiar el recorrido.

Aún se acuerda de las playas de Cádiz, pero ahora cree que mereció la pena levantarse de la toalla al sol y hacer las maletas para Sicilia, aunque a Macarena le costara un pequeño disgusto y a Bruyneel aguantar el chaparrón. Ayer, junto al podio, ella era la que más gritaba. Él, quien más sonreía, aunque lleva ya en la mochila los Tours de Armstrong y Alberto, la Vuelta de Heras, los Giros de Savoldelli y ahora Contador.

Después de la visita, regresa, come y descansa. Luego va a la salida. Parece una mañana de domingo cualquiera. Poco tráfico, tranquilidad. Se calienta en el rodillo. A su alrededor rostros serios, concentrados; gente trabajando para que nada falle. Contador está sereno, sonríe. Él sabe que nada va a fallar.

Aunque cambie el viento. En la meta, Macarena se pelea amistosamente por una acreditación para ver de cerca la victoria de su novio. Falla el protocolo. Es una chica guapa, normal, no se acostumbra del todo a estos fastos, a los tumultos. Siempre sonríe, feliz. Ella también sabe que Alberto va a ganar.

Y Riccò, mucha bulla, truenos a su alrededor. Un día falla el cambio, otro el equipo, al siguiente los rivales se venden o nadie se alía con él. Cipollini, años de experiencia detrás, le aconseja desde las páginas rosa de La Gazzetta dello Sport. «Ricardo debe saber que es importante no hacer demasiados enemigos. En una carrera de tres semanas se puede necesitar la ayuda de otros. Es mejor tener amigos».

Sale enfadado, como casi siempre. No le gusta perder, pero en la crono aún no es capaz de retar a Contador, que tres minutos más tarde, embutido en rosa, con la bicicleta especial de los días especiales, sale camino del Corso Venecia, a 300 metros del Duomo, en pleno centro de un Milán sofocante y abarrotado, como los Campos Elíseos del último domingo de julio en París.

Rueda ligero el líder, mejor que todos los que sueñan con subir al podio. Unos 10 kilómetros después de comenzar, sin llegar a la mitad del camino, el Giro está ya en su mano. Ni una avería podría pararle. Una caída es impensable en un recorrido suave y amable.

Llega a la meta Riccò y el estruendómetro popular se dispara. Un mal tiempo. La fatiga, demasiados días sobre la bicicleta. Todo se viene encima en 28 kilómetros. El retador Ricardo se desinfla, llega a la meta a 1:53 del español, y a 2:32 del ganador, Pinotti. Contador es el campeón. La algarabía es aún mayor.

Ya lo sabe todo. Macarena también. Para ti el gesto. Primero el suyo. El puño al pecho dos veces, el disparo, ¡pam! Luego el de Armstrong. Los brazos en victoria, los puños cerrados, el gesto de rabia… «¿Rabia? Ni mucho menos. Sólo alegría. Era un gesto dedicado a alguien». A Macarena.

 

Continue leyendo
Pinche para comentar

Deja tu respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

LA LIGA

Las últimas

Recientes