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GIRO 2008

CONTADOR, EN CUATRO SEGUNDOS

Los italianos Riccó y Di Luca recortan tiempo a falta de la etapa de montaña de hoy y la contrarreloj de mañana

Alberto Contador por delante de Ricardo Riccó durante los últimos kilómetros.
       Jon Rivas / Enviado especial

MONTE PORA.– Esto es el Giro. Aquí puede pasar cualquier cosa. Es una carrera grandiosa, un monumento nacional en Italia, que funciona a pesar de todo.
Pasan cosas raras. Por ejemplo, que se admita a un equipo, el Astana, 10 días antes del comienzo. O que, como ayer, la etapa tenga 10 kilómetros más que lo que prevé el libro de ruta. Eso denunciaba Contador. «Es increíble», decía.

La contestación, la de siempre. En el Tour, cuando pasa algo –que pasa siempre– la respuesta es la misma: «El Tour es el Tour», un axioma que lo explica todo. En el Giro, un estilo más mediterráneo, la contestación tiene un aire conformista, tiende a la fatalidad: «Ya se sabe, es el Giro». También lo explica todo.

Es el Giro, ya, pero a los italianos les motiva. Miren a Riccò, por ejemplo. Qué carácter el suyo. Por eso su director, Josean Fernández Matxín, le aplica un calificativo que es mejor no reproducir en una crónica que pueden leer menores.

El niño Riccò se agarró un cabreo de campeonato. Aceleró en los últimos metros, sprintó para recortar segundos y cuando ya estaba cambiándose de ropa en la carpa de los campeones, le dijeron que no era líder. Que Contador le sacaba todavía cuatro segundos y salvaba el jersey rosa que él aún no se ha podido poner.

Soltó una imprecación en italiano, se arrancó con rabia la tira nasal y arrojó la toalla al suelo. Le cambió la cara. En el podio no sonrió a pesar de los esfuerzos de las azafatas. Todavía no ha conseguido vestirse de rosa. «Dicen que Contador es el más fuerte en las subidas. Yo le he ganado todos los días», rabia.

El niño Riccò tiene grandes virtudes, pero la prudencia no es una de ellas. Posee recetas para todo. Y respuestas para todos. Es casi un recién llegado y ya se atreve a retar a los veteranos, a poner a prueba la paciencia de los principales del pelotón.

En el Giro la ha tomado con Contador. Tal vez vio desde el principio que iba a ser su rival. Primero afirmó que no se creía que hubiera estado en la playa. «Sí, en la playa de Madrid, entrenándose», dijo. Después animó a una alianza italiana contra el madrileño, aunque hay muchos en el pelotón que se la tienen jurada y nunca firmarían un acuerdo con Riccò.

Ayer atacó a Contador. Y a los ciclistas del Navigare. Les acusó de vendidos. «Contador siempre tiene ayuda». Pero el díscolo ciclista del Saunier Duval aún no es líder. Aunque pudo serlo. También Di Luca.

Tiempos de Fórmula 1. Después de tres semanas de carrera, cuatro segundos. Lo que tarda cualquiera en responder una llamada de teléfono. Centenares de kilómetros después, Contador es líder por una diferencia mínima cuando sólo faltan dos días para el final.

Ayer fue el ciclista recién llegado de vacaciones, con la clase de siempre, el talento de los campeones, pero las fuerzas justas. Al madrileño se le apareció Di Luca desde lejos; después Riccò, para rematarle en los kilómetros finales.

El último ganador del Giro, que parecía desaparecido tras la contrarreloj de Plan de Corones, regresó de la mano de su compañero Paolo Savoldelli, el halcón de las bajadas, en el terreno que más conoce.

Tener condiciones para subir puede hacer ganar una carrera. Pero tenerlas para bajar, también. Hay muchos ejemplos en la historia del ciclismo. Recuerden a Indurain. Empezó su lustro de gloria con un descenso vertiginoso desde la cima del Tourmalet hasta Saint Marie de Campan para distanciar a Greg Lemond.

Otro. Hace dos años, Valverde perdió la Vuelta cuando no pudo aguantar la rueda de Vinokourov en el descenso de Sierra Nevada hacia Granada.

Savoldelli aprovechó sus cualidades. Se llevó a su jefe, Di Luca. Le marcó las trazadas. Le ayudó a conseguir una ventaja decisiva. El Astana, con Kloden y Colom, trataba de minimizar los daños.

Hasta Monte Pora. Allí, el líder se quedó solo. Él y sus fuerzas, que ya eran escasas. Hasta que atacó Riccò, con esa rabia que le impulsa.

Contador tuvo suerte. Por pensar en sí mismos o en el futuro, Sella y sus compañeros del Navigare le echaron una mano en los kilómetros finales. Para desesperación de Riccò, que no es líder por cuatro segundos.

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