ATHLETIC
LA RETIRADA DISCRETA DE UN HOMBRE ELEGANTE
Iñigo Lekue se retira del fútbol después de once temporadas en el Athletic
Jon Rivas
Hace unos días estuve disfrutando de un vídeo que recoge una hora de goles marcados por Aritz Aduriz con la camiseta del Athletic. Me percaté de que un buen número de ellos se generaban por un pase de Markel Susaeta, que en 2019 dejó el Athletic después de 12 temporadas vistiendo la camiseta rojiblanca. Completó 548 partidos, marcó 59 tantos y dio 87 asistencias de gol, más de siete por temporada. Pese a sus números, y que está en el Top 10 de jugadores con más partidos en el club, se escuchó más de una vez decir que no era jugador de Primera División, lo que es, digámoslo así, un insulto a la inteligencia.
Es el mismo argumento que se ha empleado muchas veces con Iñigo Lekue, que por cierto, jugó 56 partidos al lado de Susaeta, y que ayer anunció su retirada del fútbol. El club no le renueva y él no le encuentra sentido a marcharse, a los 33 años, a recorrer mundo fuera de Bilbao. «No es jugador de Primera», «no tendría sitio en ningún otro equipo que no fuera el Athletic», son algunas de las lindezas, dichas, además, por gente que después presume de la filosofía del club como si la hubieran inventado ellos, y la defienden contra viento y marea, aunque después, cuando se trata de proteger a un jugador de la casa se olvida todo lo anterior. Todos ellos, claro, saben más que quien se sienta en el banquillo. Lekue jugó asiduamente con Valverde, con Ziganda, con Marcelino y de nuevo con Valverde en su última etapa. Apenas lo hizo cuando Berizzo y Garitano ocuparon el cargo de entrenador, por dos lesiones graves que sufrió y que le dejaron diez meses fuera de los terrenos de juego.
En cierto modo comprendo esos argumentos de algunos. Son los tiempos que corren, todo va muy rápido y la gente se aburre de ver siempre las mismas caras; quiere novedades, suspira por la llegada de nuevos futbolistas a la plantilla, que si por ellos fuera, tendría 40 nombres o más. O menos, quizás, ya que a estos aficionados capaces de denostar el nombre de un profesional del fútbol que juega en el equipo al que supuestamente tanto quieren, lo mismo les da que, superada la novedad del recién llegado, pase a ocupar un lugar en el fondo del banquillo. Se pondrán entonces a suspirar por el siguiente.
La gente se ha aburrido de grandes figuras que vistieron la camiseta rojiblanca, como para no cansarse de otros como Lekue, siempre elegante en las formas y en el fondo, que ha sido un jugador de club, cumplidor allá dónde le pusieran los entrenadores, incluso hasta de central, defensor siempre de los valores del club y que nunca ha tenido un problema de disciplina ni ha dicho una palabra más alta que otra. Se ha puesto el brazalete de capitán bastantes veces y lo ha honrado en cada ocasión, defendiendo al Athletic siempre. «Uno es del Athletic por algo, y sobre todo, por alguien», dijo desde el balcón del Ayuntamiento el día de la Gabarra refiriéndose a su aita al que homenajeaba con los ojos brillantes.
Por supuesto, Iñigo Lekue no ha sido una estrella rutilante dentro del club sino uno de esos jugadores complementarios, siempre dispuestos a hacer lo que le ordenaba el técnico de turno, a entrenarse como si cada día fuera el primero y a competir cuando tenía la oportunidad. Ahora se va, cumplido el sueño de jugar en el Athletic, y con la misión de convertirse en un aficionado más desde la grada de San Mamés. Solo queda darle las gracias porque ha sido un ladrillo más en la construcción de un club cuyo edificio crece día a día desde que se plantaron los cimientos en 1898. Es la retirada discreta de un hombre elegante.
