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ATHLETIC

EL «ESTILO BARCELONA»

Repite la estrategia del «caso Nico» y recibe una contestación monumental desde Madrid

Julián Álvarez con Enrique Cerezo el día de su partido centenario con su actual club. © ATLÉTICO DE MADRID SAD.
       Jon Rivas 

El Club Atlético de Madrid, Sociedad Anónima Deportiva, que en sus inicios fue Athletic de Madrid y a principios de los años cuarenta del siglo pasado tuvo que abandonar su nombre primigenio para convertirse en Atlético, en su caso, como un camino sin retorno –del que el Athletic felizmente se desvió–, hace décadas que dejó de tener un hilo de relación sentimental con su club nodriza, más allá del color de su camiseta. Tal vez el último se rompió cuando Alfonso Cabeza se convirtió en presidente de la entidad madrileña, y no por él, sino porque sucedía en el cargo a Ricardo de Irezabal y Benguria, que durante unos meses reemplazó a Vicente Calderón, y que era hijo de Ricardo de Irezabal Goti, que fue presidente del Athletic en dos periodos de su vida. Desde entonces, más allá de algunos detalles colchoneros en fechas señaladas para su club, en las que cedió el uso de la camiseta rojiblanca a los bilbaínos, la relación, no tanto institucional sino popular, siempre ha sido muy fría, incluso gélida. En San Mamés no se soportan los modos y las formas del Atlético y esa rivalidad tóxica es recíproca desde Madrid. Personalmente, ya he dicho algunas veces que la creación del Athletic en Madrid, durante 1903, tal vez haya sido el mayor error histórico del club bilbaíno desde 1898, fecha de su fundación. Posiblemente, si los estudiantes bilbaínos radicados en la capital hubieran montado un equipo llamado, por ejemplo, Deportivo Madrileño, con colores morado y amarillo, sin vinculación con el Athletic, habría sido más sano para todos. Pero en fin, así fue la historia y no se puede cambiar.

Pero dentro de esa relación congelada, de que las ocurrencias colchoneras no nos hagan ninguna gracia en Bilbao, de que cada vez que el Atlético juega en Europa siempre vamos con su rival, hay que reconocer que su última idea sí que ha tenido gracia. Salir a replicar al Fútbol Club Barcelona, que lleva meses dando la matraca por el fichaje de una de las estrellas colchoneras, ha sido una buena decisión. Los mensajes en las redes son impactantes, y dejan a la luz, una vez más, ese estilo invasivo que utilizan en Can Barça para salirse con la suya. Esta vez se trata de Julián Álvarez. El bofetón que ha recibido el club azulgrana ha hecho vibrar los cimientos del Camp Nou; tal vez hace un par de años, cuando tenían aluminosis, los habría conseguido derribar.

Y es que, a falta de dinero en efectivo para fichar lo que quieren, la campañita mediática que montan, el circo de varias pistas en el que actúan, se repite cada temporada, y esta vez el Atlético les ha contestado. Es la misma forma de actuar que los dos años anteriores con Nico Williams y el Athletic. Se podría decir, sin lugar a dudas ya, que es el «estilo Barcelona». Es siempre una estrategia idéntica. Comienzan, meses antes, a deslizar el rumor del interés por un futbolista, que por su cláusula de rescisión suele ser inalcanzable para las finanzas de su club. El rumor se extiende y se alimenta a través de los medios afines, que son legión, y en los comunicadores de las redes sociales. Empiezan los titulares. Las palabras acercamiento, acuerdo, traspaso, compra y otras más empiezan a leerse en grandes caracteres. La consigna es apuntar que el jugador está dispuesto a cambiar de aires, incluso que es su máximo deseo. A la vez, en el club alimentan ese caldo de cultivo y sus dirigentes no se cortan ni un pelo a la hora de elogiar al jugador, que recordemos, tiene contrato en vigor con otro club, y de señalar de que quiere vestir de azulgrana. La presión es cada vez mayor, a la espera de que el el Athletic o el Atlético de Madrid, piquen y se avengan a un traspaso a la baja, aplicando ese aforismo de que «cuando un jugador se quiere ir, se va». Echan mano de los representantes para actuar desde dentro, y ponen la presión sobre el futbolista y su entorno, para que sean ellos los que públicamente se pronuncien sobre el asunto y dejen a su club colgado de la brocha. La mayoría son historias inventadas, bulos fabricados a gusto del consumidor.

Pero a pesar de que en los últimos dos años, Nico Williams les dio con la puerta en las narices, mientras el Athletic movía todos sus hilos legales para impedir que el Barcelona se saliera con la suya, han vuelto a repetir sus maniobras orquestales en la oscuridad, y el Atlético de Madrid les ha salido respondón y maleducado, con un zasca de los que hacen época. Y encima se sentirán, como en el caso del pequeño de los Williams, indignados, ofendidos y despechados. Ya se sabe que son «más que un club», y no voy a repetir aquí lo que muchas veces se ha cantado en San Mamés como coletilla de esa frase.

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