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GIRO 2008

CONTADOR APRENDE RÁPIDO

El español, dueño de la maglia rosa, inspeccionó en el día de descanso, el Mortirolo, donde se jugarán muchas opciones de ganar

Alberto Contador, durante una de las etapas anteriores.
       Jon Rivas / Enviado especial

SONDRIO.– ¿Jornada de descanso? Ya. Que se lo digan a los ciclistas después de cuatro horas de autocar por carreteras de montaña, curvas y más curvas. El ánimo indestructible pero las piernas entumecidas. Los del Caisse d’Epargne las estiraban en la subida al Passo Tonale, a mitad de camino, bajo la mirada atenta de su director, Neil Stephens. Otros hacían también lo que podían.

Fue un traslado infernal, pero práctico en algunos casos. En el de Alberto Contador, por ejemplo. Llegó a Italia sin mapa de carreteras, con el disco duro en blanco. Cuando preparó el Tour del año pasado visitó los Alpes y los Pirineos, almacenó experiencias, planeó desarrollos. Conoció las curvas y las llegadas. Pero del Giro, nada.

El domingo tuvo suerte. Su hotel estaba justo junto al cartelón que anuncia el inicio de la Marmolada. Desayunó rápido y subió a verlo. Fue, tal vez, su mejor ascensión del tríptico dolomítico del fin de semana. El lunes también madrugó para ascender hasta Plan de Corones, una subida que sus rivales conocían de sobra. Le vino muy bien.

Pero Contador anda como los buenos estudiantes mal organizados. Lo ha tenido que fiar todo al arreón de los últimos días. Tiene la inmensa fortuna de que hinca los codos y aprende deprisa. Cuando en la ruta de Esino, camino de Aprica, vio la indicación «Passo Mortirolo», no se lo pensó. Bicicleta y adelante. Ahora ya se sabe parte de la lección del próximo sábado. «Es exagerado», fue su comentario. Dos palabras que resumen su impresión.

Cuando supo que podía ganar se sumergió en el libro de ruta. Aunque no conoce los recorridos montado en la bicicleta, se los ha aprendido sobre el papel. Desmenuza los mapas. «Hay dos etapas no demasiado problemáticas, en las que habrá que controlar un poco las bonificaciones, y luego otras dos de montaña», dice el campeón español, cada vez más convencido de que el triunfo final es algo más que una posibilidad.

Diferencia entre las tres jornadas importantes: «En la que termina en alto, en Monte Pora, el próximo viernes –espero que las diferencias sean pequeñas, más o menos como hasta ahora». La llegada está a 1.458 metros de altura. Serán seis kilómetros de ascensión al 6% de pendiente media. Según Contador, «el día del Mortirolo está claro que será muy duro. Puede haber carrera desde el principio». Al menos ya se conoce la subida más «exagerada» del Giro de Italia de este año. Antes deberá subir el Gavia, en una etapa en la que la llegada está a 17 kilómetros de la última ascensión del día.

«Y luego quedará la última crono», apunta. «Respecto a algunos rivales puedo tener cierta ventaja, e incluso si llego con algún tiempo perdido, podría recuperarlo».

Le hará falta equipo. Algunas voces hablan de presuntas coaliciones italianas, pero Riccò y Simoni, que coincidieron en el Saunier Duval el año pasado, no parecen estar por la labor. Ambos van a lo suyo. A ganar el Giro. Ninguno de los dos parece dispuesto a ayudar al otro en ninguna circunstancia. A Riccò, además, le falta Piepoli, retirado tras una caída, su mejor ayuda hasta entonces.

En cambio, Contador sí tiene equipo. Lo comprobó en Plan de Corones. Era una jornada de lucha individual pero se dio cuenta de que iba a contar con ayuda: «El equipo está muy bien, muy motivado y con todos los corredores dispuestos a trabajar para ganar. Tener a compañeros como Klöden y Leipheimer es una garantía y te da mucha confianza. Tengo plena confianza en ellos y la prueba de ello es que en la contrarreloj, en vez de disputarla, se han dejado ir. Eso es una señal de que todos están por el equipo y de que las cosas serán más fáciles».

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