CICLISMO
GRACIAS, LAURA
Jon Rivas
Aunque ella llevaba ya varios años en el mundillo del ciclismo, conocí de cerca a Laura Meseguer en 2009, y lo recuerdo porque ese año, después de muchos meses de julio viajando con el añorado Javier De Dalmases, mi compañero se jubiló y antes de formar binomio con otro periodista barcelonés, Xavier García Luque, me tocó seguir aquel Tour en solitario. Me presentaba yo cada mes de julio en Francia, respaldado por un medio sólido, El Mundo, que pagaba a la agencia oficial del Tour por los mejores hoteles en los que me podía alojar –que a veces eran porquerías abonadas a precio de oro–. Por supuesto, también los traslados en avión desde Bilbao hasta donde se tomara la salida, y el de vuelta a casa desde París. También muchas veces, el tren de alta velocidad el penúltimo día desde donde quiera que acabara la etapa del sábado hasta la capital francesa; el periódico me alquilaba un coche de gama alta para el día a día, no ponía ninguna pega si por cualquier causa, cambiaba el hotel asignado por otro, a veces porque el que me tocaba era infumable. Me asignaba una dieta para comidas bastante generosa, que solo gastaba en la cena, porque el desayuno se incluía con el hotel y de darnos de comer se encargaba la organización del Tour. Luego, al regresar, enviaba las facturas de gasolina, peajes, internet, que en el Tour costaba un ojo de la cara, y gastos varios, que incluían la lavandería, que me abonaban religiosamente. Vamos, como trata, o trataba al menos en mis tiempos, cualquier empresa periodística medianamente seria a sus empleados.
Entonces Laura era una periodista jovencísima y entusiasta, a la que no respaldaba un medio sólido, y que seguía el Tour buscándose la vida de manera precaria, como podía, haciendo su trabajo, sin quejarse de nada, tratando de abrirse un hueco a base de currar lo máximo posible. Después de acabar agotada, a veces tenía que pedir favores a los compañeros para poder desplazarse hasta su alojamiento, porque ese día no había podido contar con la ayuda del auxiliar de un equipo, o del fotógrafo de turno. Creo que la llevé un par de veces hasta su hotel, donde cada noche tenía que hacer planes para al día siguiente no quedarse tirada por el camino. Y así algún año que otro, hasta que su tenacidad le fue abriendo caminos en el mundo del ciclismo que tanto ama.
Como hicieron otras mujeres antes. En mis primeros Giros de Italia coincidí con Ana José Cancio, que una vez le pegó un mordisco en el brazo a un policía suizo que no le dejaba salir del coche en Lenzerheide-Valbella (no la detuvieron de milagro) y que cada hora, camino de la meta, tenía que pararse en un bar para, por el teléfono fijo del establecimiento, entrar en el boletín horario de Radio Nacional. También conocí a Teresa Olano, de la SER, fallecida en 2014 después de ser transplantada de hígado, que hasta el último día rezumaba pasión por el ciclismo. En mis primeros tours coincidí con Rocío Martínez, que como enviada especial de aquel portal fallido que fue Terra, y con el carnet de conducir recién sacado, quemó un par de embragues en los Alpes y los Pirineos. Ahora triunfa en el Radioestadio noche junto a mi amigo Edu Pidal. Años después, Rocio viajaba un par de días al Tour, por amor al ciclismo, junto a Mónica Marchante, otra friki de las dos ruedas, y siempre compartíamos cenas y risas junto a Xavier García Luque. Una noche incluso alquilamos bicicletas para pasear por Pau.
A Laura Meseguer le reconocieron el talento en Eurosport y allí está asentada, presentando programas, poniéndose delante de las cámaras y, a veces con el micrófono en la mano, entrevistando a las figuras del ciclismo al borde de la carretera, que posiblemente es donde más disfruta. Ha escrito libros, ha firmado columnas de opinión y su voz es respetada en el mundo del ciclismo, entre otras cosas porque ella siempre respetó a todo el mundo. Son ya muchos años de trabajo y de pasión. Así que no es de extrañar que haya saltado como un resorte cuando una tal Erola Jons ha entrado en la Vuelta como un elefante en una cacharrería. Pero esa simple publicación de Laura en Instagram, donde no tiene seis millones de seguidores como la intrusa, ha servido de detonante. Todo el mundo del ciclismo le ha apoyado, han salido decenas, cientos de voces para amplificar la suya, y los responsables de la carrera han tenido que rectificar y poner a Erola Jons en su sitio, es decir, fuera del alcance de los ciclistas, donde nunca debió estar.
Gracias Laura, por poner las cosas en su sitio.
