ATHLETIC
Vida después de la vida
Jon Rivas
Ibai Gómez ha comprobado, después de sus dos años y medio en el Alavés, que hay vida después de la vida. Entendámonos, es una forma de hablar. De decir que si siempre quiso triunfar en el Athletic, su crecimiento y su esfuerzo personal le ha dado una segunda oportunidad, cuando en estos casos, dejar el club después de unos años un tanto declinantes, suele convertirse en un momento de no retorno. Decir que hay vida después de la vida no es, en ningún caso, un desprecio al Deportivo Alavés. Todo lo contrario. Ha sido allí, en un escenario que nunca fue hostil ni inhóspito para el jugador bilbaino, donde ha recuperado sus esencias. Ese cambio de aires que se decía antaño, para mejorar la salud, futbolística en este caso.
Los aires vitorianos, el entorno que se ha encontrado y también, por qué no decirlo, el contar con el apoyo de su mujer y la presencia de su hija Aiala, que siempre les recordará a Vitoria por ese nombre tan alavés, han forjado a un futbolista distinto: más hecho, más cuajado físicamente, y al que le vino bien su salida en vez de resignarse a coger polvo en algún olvidado rincón del vestuario rojiblanco.
Después de sus repetidos agradecimientos al Alavés y a Mendizorroza, ahora a Ibai le toca dar un paso al frente. Aunque es moderado en su discurso; modesto en las formas, sabe que llega al Athletic en un papel muy diferente al que tenía cuando se marchó, y al que protagonizó en sus años como jugador rojiblanco, a las órdenes de Caparrós, Bielsa y Valverde. Si antes era un secundario, a veces de lujo, en otras ocasiones de reparto, e incluso llegó a ejercer de figurante, sabe que ahora se le exigirá estar en primera línea.
Parte con la ventaja de conocer el vestuario, de ser ya amigo de la mayoría de sus nuevos compañeros, de no tener que adaptarse a una ciudad en la que nació, ni a un campo y una afición que le son extraños. Todo es nuevo para él, pero a la vez es lo de siempre. Sabe lo que significa vestir la camiseta del Athletic, así que no necesita ningún periodo de adaptación. Tiene, incluso, la ventaja de que Gaizka Garitano, su nuevo entrenador, también es casi nuevo para los demás componentes del vestuario, y será más fácil, por tanto, entender sus mensajes a la plantilla.
Así que después de darle la bienvenida, de desearle suerte, de felicitarle por tomar la decisión de emprender el camino de vuelta, habrá que empezar a exigirle como a los demás, a pedirle que saque lo mejor de sí mismo para contribuir a que el Athletic transite por un camino menos complicado del que lleva esta temporada. Amortizada la Copa, con sólo una competición a las espaldas, es el momento de acelerar y dejar atrás los complejos y a los rivales para buscar una situación más cómoda. Ibai ya conoce lo que es pasar apuros. Recuerda los del Alavés la temporada pasada, pero seguro que también los que pasó el Athletic hace cinco temporadas, cuando acabó la primera vuelta con los mismos puntos que suma ahora y acabó en puestos europeos.
Esperemos que la llegada de Ibai, su constatación de que hay vida después de la vida, sea fructífera.
