ATHLETIC
Mirando hacia arriba
Jon Rivas
Ayer vi varios partidos de fútbol, al menos de forma parcial. Primero, a mediodía, el duelo entre el práctico Getafe y el efectista Rayo Vallecano, que, por supuesto, ganaron los del sur de Madrid. Como suele decir un amigo mío, Guardiola le ha hecho mucho daño al fútbol, y no precisamente al de sus equipos, construidos a base de talonario, sino a otros más modestos que tratan de imitar ese fútbol de toque y toque, de pases y pases, que les lleva al abismo. Como al Rayo, sin ir más lejos. Perdía por la mínima, estaban en el descuento, y aún así se empeñaban en salir con la pelota jugada, cediéndola atrás si era necesario, cuando lo más lógico en estos casos es tratar de montar un zafarrancho a la que salga. Los del Getafe, por supuesto, encantados. En zona Champions, sin tanto toqueteo al balón.
Después, me tocó el Sevilla-Barcelona, un partido que hubiera cambiado de manera radical con sólo una modificación en la alineación del Barcelona, la ausencia de Leo Messi. Lleva ya más de diez años jugando en la Liga y cada partido sorprende con algo bueno. Comentaba ayer con un compañero que, para ambos, Messi es el mejor jugador que hemos visto sobre un campo de juego. Nos reíamos de esa interesada y artificial pugna que se desactivó con la salida de Cristiano Ronaldo del Real Madrid, y coincidíamos en que ambos habíamos visto jugar a Cruyff y a Maradona, pero que lo de Messi es diferente, Ni una sola temporada ha bajado su nivel general de juego, su rendimiento y, claro está, su facilidad para marcar goles, además, haciéndolo como lo hace ahora que ya llega a la treintena: jugando a su paso. Como un león en la jungla esperando a su presa. Se pasa prácticamente 80 minutos de partido andando, sin gastar ni un esfuerzo de más, y cuando le toca acelerar, correr, dar un pase o marcar un gol allí está él. Como dicen algunos de sus compañeros, ellos corren a gusto para que no lo haga Messi.
En fin: el del argentino es un fútbol diferente, otra cosa. Cuando no hay un Messi en un equipo, lo debe compensar con otras cosas. Como el Athletic. En el equipo de Garitano, nadie se puede permitir el lujo de jugar andando, salvo el portero, claro, cuando el balón anda lejos. Correr, presionar, desgastarse, son las señas de identidad del Athletic desde que hace once jornadas, cogió las riendas el entrenador vizcaíno. De hecho, con Eduardo Berizzo era lo mismo, claro que no existía un orden, los futbolistas corrían como pollos sin cabeza y rara vez encontraban el premio. ¿Recuerdan cómo acababan los partidos? Totalmente desfondados, a merced del rival. El orden es, además de las ya mencionadas, una de las características del, llamémosle, nuevo Athletic, que lleva ya tres jornadas consecutivas sin encajar un gol y sólo ha perdido uno de los últimos once encuentros que ha disputado.
Hace falta, además, un aderezo fundamental que ayer acompañó al Athletic en el inicio del partido, la fortuna para anotar un gol de salida, a los 42 segundos. No me puedo imaginar lo que le pasó por la cabeza a José Luis Mendilibar en ese momento. Tuvo que ser una frustración enorme para él, porque nadie se espera que el rival marque un gol en su primera acción de ataque, y el Athletic lo hizo. Además, como los jugadores se sienten arropados entre ellos, fuertes mentalmente y bien físicamente, están cómodos con el marcador a favor. Pasa más apuros la grada que el equipo, que consiguió que durante muchísimos minutos del partido ante el Eibar, no sucediera casi nada. Apenas un despiste de Yeray que acabó en tarjeta amarilla, y un remate de Beñat al larguero en los primeros 45 minutos. Y cuando en la segunda padte, el cansancio desordenó un poco al equipo, saltó San José, que cuando está en forma es un gran jugador y se ha convertido en el primer recambio de Garitano, y las cosas volvieron a su ser.
El Athletic no tiene a Messi, de hecho sólo el Barcelona lo tiene, y sin embargo, el mismo orden que impidió que el astro argentino brillara en San Mamés, ha hecho que los rojiblancos se estén convirtiendo en un equipo rocoso, fiable, y que puede aspirar a más a partir de la próxima semana, frente al Valencia de Marcelino, al que no siempre le rueda el balón a la velocidad que él quiere, y que, verán, encontrará la excusa oportuna si los bilbainos sacan algo provechoso de Mestalla.
