ATHLETIC
Urrutia y los intereses del club
Jon Rivas
No ha tardado demasiado. Apenas medio año. Hace un par de semanas me comentaron que Josu Urrutia tenía ganas de hablar, de explayarse, y ha concedido sus primeras declaraciones a un medio local, Deia, desde que en marzo de 2015 hizo una ronda de entrevistas cuando se presentó como candidato a su segundo mandato. Han pasado más de cuatro años desde entonces. Hasta que lo ha hecho con Jose Artetxe, no se había sentado cara a cara con un periodista. En esto ha roto un tabú. Ni Fernando García Macua, su antecesor, ni los presidentes que les precedieron, habían saltado tan pronto a la palestra después de abandonar el despacho presidencial del palacio de Ibaigane.
Y entre algunas obviedades y bastantes asuntos interesantes, no hay, en las respuestas del anterior presidente del Athletic, ni un mínimo de autocrítica, porque cuando se le pregunta por lo peor de su mandato, comenta que fue la salida inopinada de los jugadores que se marcharon pagando la cláusula de rescisión, o cumpliendo su contrato como en el caso de Llorente. En eso la respuesta me recuerda a las de los famosos cursis en las revistas del corazón, que cuando les preguntan por sus defectos, responden, en realidad, con una virtud, como «soy demasiado confiado con los demás», «me entrego demasiado», o cualquier otra futilidad.
Pero, sin embargo, al margen de esas respuestas que pueden encerrar cierta vanidad, en mayor o menor medida, después de leer las reacciones a la entrevista de Josu Urrutia en Deia, lo que más me llama la atención es algo que sí se ha comentado, pero no en la dirección, según mi opinión, en la que debería enfocarse. Sin pedirles permiso, pero sobreentendiendo que me lo darán, reproduzco la pregunta y la respuesta antes de analizarlas:
– Bien, pero se está achacando que no le renovase [A Markel Susaeta] como sí hizo a última hora con otros jugadores.
– Cuando en diciembre hicimos esas renovaciones, nadie aludió a que Susaeta no fuese renovado. Ahora que ha salido del club sí me han llegado mensajes o alusiones al respecto que están generando una idea concreta. Nosotros situábamos a Susaeta y Aduriz en un estatus idéntico. Nadie es más importante que nadie y no quiero incurrir en una contradicción, pero las situaciones no son las mismas y tanto De Marcos como Balenziaga, aún estando a otro nivel, merecían ser premiados con la renovación. Ambos se lo habían ganado y su futuro podía estar en riesgo, una circunstancia que en absoluto contemplaba en los casos de Aduriz y Susaeta. Estaba convencido de que cualquiera de las candidaturas era de esta opinión y que a ambos se les ofrecería la opción de continuar. Nunca pensé que tuviera que dar explicación alguna sobre esto, porque nunca pensé que Aduriz y Susaeta no fueran a seguir.
La primera parte de la respuesta puede ser entendible desde el prisma de Josu Urrutia, aunque da la sensación de que no supo transmitirle, ni al jugador, ni a la opinión pública, ni a sus sucesores, la importancia que le daba dentro del club a Markel Susaeta, que al final, después de malentendidos varios, de no encontrar respuestas, decidió no contemplar la propuesta de renovación y desvincularse del Athletic. Denota un cierto grado de incomunicación. Si creía que Susaeta era importante, un emblema del club como Aduriz, tal vez se lo debería haber dicho personalmente, pero no lo hizo, así que tal vez el jugador se sintió ninguneado. Nunca pensó que no fueran a seguir, dice. Se le hubiera entendido mejor si llega a añadir alguna apostilla como «me equivoqué en esto», o «tal vez debería haber actuado de otra forma», pero ya digo que en sus respuestas no hay ni un asomo de autocrítica.
Sin embargo, y que los árboles nos dejen ver el bosque, pienso que lo más grave de esa respuesta está en las líneas centrales de la misma: «Tanto De Marcos como Balenziaga, aún estando a otro nivel, merecían ser premiados con la renovación. Ambos se lo habían ganado y su futuro podía estar en riesgo». A ver si consigo explicarme bien, y para eso me remito a otra parte de la entrevista en la que asegura que el resultado de las elecciones le pareció una sorpresa, o sea, que pensaba que iba a ganar Alberto Uribe-Echevarria. En tal caso, ¿cómo creía que el futuro de los dos jugadores podía estar en riesgo?, ¿pensaba que quien había sido su mano derecha en la directiva tenía pensado no renovar a De Marcos o a Balenziaga? Supongo que Urrutia conocía perfectamente a los componentes de la candidatura, y cómo pensaban. Si lo hacian como él, tenía que tener la tranquilidad de saber que obrarían como él. Si sabía que pensaban de otra forma, ¿quién era él para cortarles las alas e hipotecar el proyecto de sus sucesores, algo que también vale para Elizegi? Porque si la excusa para convocar elecciones en diciembre fue que la nueva directiva tuviera tiempo para preparar su proyecto, no hay forma de explicar que procediera a esas renovaciones y más todavía después de la explicaciones de la entrevista. Porque se puede disculpar que dijera que veía que al entrar enero, tendrían la posibilidad de negociar su contrato con otro club y cambiar de aires, algo que me parece poco razonable, pero está hablando de otra cosa.
No estoy cuestionando en absoluto los méritos de De Marcos y Balenziaga, no hablo de eso, sino de la respuesta de Urrutia: «Su futuro podía estar en riesgo». Si lo dice es que algo sabía, y lo que hizo fue inmiscuirse en los planes de los candidatos a la presidencia, que podían tener en mente otras decisiones. Además, lo hizo como miembro de la comisión gestora, que tal como indican los estatutos del club está para limitarse, «a los actos necesarios e imprescindibles para el mantenimiento de las actividades normales del Athletic Club y la protección de sus intereses». Según Urrutia, De Marcos y Balenziaga «merecían» ser premiados con la renovación, «y su futuro podía estar en riesgo». Eran los intereses de los jugadores y no los del club los que sopesó para renovarlos en un momento inusual. Urrutia quería ser presidente más allá de su presidencia, y se equivocó en eso, aunque nunca lo reconocerá.
