ATHLETIC
Este partido ya lo hemos visto
Jon Rivas
Comentaba el añorado Eduardo Rodrigálvarez que el también recordado José Mari Mugica, cuando el partido que estaba jugando el Athletic entraba en una deriva insoportable, y se repetían los errores de los choques anteriores, el público empezaba a protestar y se escuchaba música de viento en las gradas de San Mamés, hacía un amago de levantarse del asiento del palco de prensa, y que incluso a veces se levantaba, diciendo en voz alta: «Señores, me voy. Este partido ya lo he visto».
Mugica tenía un ingenio infinito para sus crónicas rojiblancas, y era además, el alma del palco de prensa de San Mamés, y el de la redacción de deportes de La Gaceta del Norte. Coincidí allí con él, en la última época del periódico que llegó a ser el de mayor difusión en el norte de España. Las tertulias en la sección de Deportes del periódico, en las que José Mari llevaba la voz cantante, solían ser el mejor momento de cada día, a veces a gritos, como se hablaba en los periódicos antes de que se apagara el sonido de las teclas de las máquinas de escribir y el tableteo de los teletipos, o de que aparecieran en las redacciones algunos sujetos con muchos masters pero poco mundo, sabelotodos sin talento que impusieron la ley del silencio y la asepsia, como si dirigieran un hospital en vez de la jaula de grillos que siempre fue un periódico.
José Mari sabía cuándo había visto ya el partido. Creo que, de hecho, casi todos sabemos cuándo hemos visto ya el partido que estamos viendo, y el del sábado en el Metropolitano lo ha jugado el Athletic casi tantas veces como las televisiones han repuesto Pretty Woman. Esta temporada se ha jugado varias veces. Apuesto doble contra sencillo a que cualquier aficionado medio del Athletic, después de un comienzo prometedor, sabía que vendría más tarde un rato de desconcierto y luego, con el partido aparentemente estabilizado, podría llegar un gol del Atlético de Madrid en cualquier despiste, desatención, o con Correa en el campo, por una genialidad de uno de esos jugadores que los nuestros casi nunca saben parar.
Y menos mal que llegó así, y no en el lanzamiento de falta de Trippier, en la primera parte, en la jugada tonta de la semana, cuando Unai Núñez agarró el balón con las dos manos después de una falta de concentración mayúscula, por no estar a lo que tenía que estar. Hubiera sido el colmo. Pero volviendo a los augurios de los aficionados, y sin tener que leer los posos del café para interpretar el futuro, porque como digo, este partido ya lo habíamos visto todos, estoy seguro de que 99 de cada cien aficionados del Athletic sabían a ciencia cierta, que una vez descartado el empate a cero, el equipo de Gaizka Garitano se marcharía de Madrid con el rabo entre las piernas y sin posibilidades reales no de remontar, sino ni siquiera de inquietar la portería de Oblak.
Son los jugadores, junto con el entrenador, los que deben reflexionar para dar con la solución, para poder jugar un partido distinto cada domingo, porque si los que vemos al Athletic jormada tras jornada, conocemos ese juego tan previsible que se repite una y otra vez, no digamos nada de los responsables de los equipos a los que se enfrenta el Athletic en estos tiempos de big data y todas esas historias que desmenuzan a cada rival, a cada futbolista hasta convertirlos en picadillo. Tendrá que sentarse a pensar Garitano si el equipo que alinea cada partido es suficiente como para competir frente a muchos de los equipos de la máxima categoría. Con la pobreza de espíritu con la que se afrontan algunos partidos, me parece que es imposible y seguiremos viendo el partido del sábado muchas veces. Es verdad que el Atletico de Madrid tiene una imponente plantilla y que lo normal es perder en el Metropolitano, pero el Athletic ya ha jugado unos cuantos partidos en los que no ha demostrado mucho más. De hecho, ante los madrileños, los bilbaínos demostraron mucho más que otras veces, pero con eso no llega, está claro.
Empiezo a desesperarme, entre otras cosas, porque me da la sensación de que nos vamos a quedar sin saber a corto plazo, si Sancet es la gran promesa que quienes le han visto con asiduidad, auguran. Jugó unos minutos en San Mamés, otros pocos en Vigo y nada más. El domingo pasado se quedó sin jugar con el Athletic y, como daño colateral, también con el Bilbao Athletic. Al menos esta semana se quedó a jugar con el filial. Igual es el momento de apostar por él, en un centro del campo que apenas aporta nada, en el que no sobran los talentos. Igual también es el momento de empezar a dar toques de atención a aquellos futbolistas que siguen sin aportar lo que se espera de un futbolista del primer equipo, y aunque no los voy a dar, me vienen a la cabeza varios nombres de jugadores que se están inflando a tener oportunidades para jugar sin corresponder con su juego.
En fin. Son cosas que se dicen cuando el partido que ha jugado el Athletic ya lo habíamos visto, y como hacía José Mari Múgica, nos daban a todos ganas de levantarnos del sofá o poner Pretty Woman para divertirnos un poco. Si algo añoro de los tiempos de Múgica, aparte de las tertulias de cualquier tema en torno a su mesa de la redacción, es el aroma de aquel Athletic preconstitucional, por llamarlo de alguna forma, cuando los equipos saltaban al campo cada uno por una esquina –el Athletic por la de la Misericordia–, y la afición tenía un momento para puntuar– digámoslo así–, la actuación del domingo anterior mediante aplausos, indiferencia, silbidos o bronca monumental, según fuera el caso. Para eso se fiaban, en tiempos en los que la televisión transmitía un partido por jornada, de las crónicas de Múgica en La Gaceta, o Echeberria en El Correo, que no se cortaban un pelo. Supongo que porque no tenían miedo a los tuiteros.

1 Comentario