TOUR 2022
TODOS SOMOS PHILIPSEN
TOUR DE FRANCIA / CUARTA ETAPA
DUNKERQUE / CALAIS (171,5 KMS.)
GANADOR: WOUT VAN AERT. LIDER: WOUT VAN AERT
Todos somos Philipsen. Todos hemos creído alguna vez ser los primeros sin serlo, o acabar un problema antes que los demás de la clase y tener mal la solución, o pensar que llegábamos los primeros a la cita y ser los últimos, o madrugar para que nadie se nos adelante en las rebajas y encontrar una cola que da la vuelta a la manzana. Todos hemos sido los listillos que todo lo saben y después hemos tenido que recular con las orejillas gachas. Todos hemos perdido la dignidad alguna vez y nos hemos dejado algún retazo por ahí.
Recuerdo una etapa del Tour, en el norte de Francia, y el restaurante de un hotel en el que nos alojábamos un compañero y yo, en el que, ofendiditos porque nadie nos atendía, nos levantamos de la mesa con grandes aspavientos y nos marchamos en busca de otro local más amable para cenar. Dimos vueltas y más vueltas buscando uno, y cuando ya nos ahogaba la desesperanza, vimos una casa de comidas con la luz encendida. «¿Nos pueden dar de cenar?», preguntamos, y la respuesta nos noqueó: «Ya hemos cerrado». Le rogamos a nuestro interlocutor que nos indicara algún otro restaurante en el que poder conseguir que cesaran los ruidos de tripas después de un día sin comer. Salió a la puerta, nos señaló el camino y nos dijo: «El único que está abierto es el restaurante de aquel hotel que está allí, al final de la carretera». Era el nuestro. Volvimos, humillados y ofendidos, nos sentamos en la mesa más apartada que pudimos, y esperamos pacientemente a que nos atendieran, con cierta sonrisa de burla. Habíamos perdido la dignidad, pero al menos cenamos.
Así que, quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Todos somos Philipsen, y después del choteo inicial, tenemos que sentir lástima por su reacción, después, además, de jugarse la vida remontando junto a la valla, en un ejercicio peligroso, para después ponerse al frente del pelotón, señalar el nombre de su patrocinador, un producto para evitar la caída del cabello, levantar los brazos como un forzudo, meter la escasa tripa que gasta un ciclista hasta el punto de absorber hacia adentro el rótulo del segundo espónsor, una empresa de ventanas térmicas, y gritar a los cuatro vientos su victoria que ya había celebrado apenas unos segundos antes, Wout Van Aert, el líder, fugado en el último repecho con la inestimable colaboración de sus compañeros del equipo Jumbo.
Fue un compañero de Van Aert, Christophe Laporte, el que se acercó a Philipsen y le bajó de la nube, esperemos que con algo de delicadeza. Un oye, que Van Aert ya había llegado, o algo así, para que no se sintiera como un imbécil, que es lo que suele pasar en estos casos. Se preguntará Philipsen, cuando le lleguen las inevitables bromas de sus compañeros a la hora de la cena, que cómo no se dio cuenta. Verá las imágenes del final de etapa, que probablemente detendrá antes de que lleguen al momento fatídico, y maldecirá mil veces por no haber mirado hacia adelante para haber visto cómo Van Aert extendía los brazos e imitaba el vuelo de una gaviota, allá, en Calais, donde en el horizonte se observan los escarpados acantilados blancos de Dover, que por eso los romanos llamaron Albion a la isla.
Siempre habrá, en el futuro, alguien que le recuerde el momento ridículo a Philipsen, aunque no debería, porque todos hemos sido alguna vez como el.
