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TOUR 2022

PROFECÍA AUTOCUMPLIDA

TOUR DE FRANCIA / SEXTA ETAPA

Tadej Pogacar, de nuevo de amarillo, en el podio del Tour de Francia. © PAULINE BALLET / ASO.

BINCHE / LONGWY (220 KMS.)
GANADOR: TADEJ POGACAR LIDER: TADEJ POGACAR


Decíamos ayer: «Todavía no es el líder, pero no tardará mucho». Profecía autocumplida. No es que haya que ser pitoniso, vamos, que para augurar el maillot amarillo de Tadej Pogacar no hace falta ser un lince ni el mago de la bola de cristal, porque desde el año pasado, y vamos a olvidar 2020, cuando ganó más por un desfallecimiento de su rival Primoz Roglic, que por su aplastante superioridad, parece que gana cuando quiere, que se viste de amarillo cuando le da la gana, y le da, porque es joven y se divierte con sus ataques, como si no hubiera un mañana. No piensa en el día siguiente porque se cree invencible, invulnerable, y parece serlo. Pogacar ataca en los últimos metros del repecho hacia la meta y nadie puede seguirle. Se divierte abriendo el hueco con sus ¿rivales?, y consigue su séptima victoria de etapa en el Tour, entre los tres tours que ha corrido, y vuelve a vestirse de amarillo, y a ampliar su leyenda, si es que se puede hablar de leyenda con un ciclista tan joven y con una carrera todavía corta a la que le quedan muchas páginas por escribir.

Nadie le tose a Pogacar, y ya es líder pese a que todavía no ha llegado a su terreno, que empieza el viernes, en la Super Planche des Belles Filles, aunque para el esloveno, todos los terrenos son su terreno. Nunca había disputado una etapa sobre el adoquín de las Ardenas, y se deslizó sobre las piedras como si fuera un especialista consumado, y asombró al mundo, y todavía en vísperas de la primera toma de contacto seria con la montaña, ya lleva ventaja a todos los demás después de que Wout Van Aert decidiera inmolarse con las cámaras de televisión como testigos de una acción difícil de analizar: «Quería seguir honrando el maillot amarillo y darle al público algo para disfrutar. Sabía que con el esfuerzo que puse, ya no podría luchar por la victoria final». Buscó la escapada para que fueran los demás equipos los que trabajaran. Es inusual ver al líder en cabeza salvo en las jornadas en las que se decide el Tour, así que la maniobra de Van Aert junto a Fuglsang y Simmons, tiene difícil encaje en la lógica ciclista.

Primero en compañía de otros, sin alcanzar nunca diferencias notables, después en solitario cuando sus acompañantes desistieron, el líder quemó sus naves. 125 kilómetros de agotadora pelea estéril, para sucumbir al final y perder la túnica sagrada por muchos minutos. Le queda a Van Aert el jersey verde, cotizado también, pero menos, claro. Dice que le gustará llevarlo, si es a París mejor, pero le quedan todavía los trabajos de Hércules para ayudar a los suyos, sobre todo a Vingegaard, en la casi imposible tarea de aislar primero y agotar después al líder Pogacar, que por el momento está fresco como una lechuga recién arrancada de la huerta.

 

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