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CICLISMO

LA RUEDA NO DEJA DE GIRAR

El francés Paul Seixas gana la Itzulia el día que Pello Bilbao anuncia su retirada del ciclismo

Paul Seixas entre Florian Lipowitz y Tobias Johannessen en el podio de Bergara. © ITZULIA
       Jon Rivas 

El día que Christophe Moreau ganó el Dauphiné Libéré de 2007, que todavía conservaba el nombre completo del periódico que lo organizaba, Paul Seixas todavía no había cumplido nueve meses. llevaba pañales, balbuceaba y gateaba, pero poco más. Moreau era un buen ciclista, que consiguió 25 victorias como profesional, fue cuarto en el Tour de 2001, y ese 2007 consiguió en una semana las tres últimas victorias de su carrera, que ahora, con 54 años, seguro que recuerda con orgullo. Venció en dos etapas del Dauphiné y en la clasificación general, y una semana más tarde consiguió el honor de vestirse por primera y única vez con el maillot tricolor como campeón de Francia. En las tres temporadas que le quedaban como profesional no volvió a ganar nunca más. El ciclismo francés tampoco volvió a vencer en una carrera por etapas del World Tour hasta que lo ha hecho Paul Seixas, 19 años después. Bajo la lluvia que empapó al pelotón de la Itzulia, defendió el jersey amarillo que portaba desde el lunes, cuando se inauguró la carrera, y además con total solvencia, sin signo alguno de debilidad. La irrupción de Seixas en el País Vasco ha obligado a desplazar a uno de los monumentos del ciclismo, la París-Roubaix que se corre el domingo, a las páginas secundarias de la sección de ciclismo en L´Équipe, la biblia del deporte francés. El duelo entre Van der Poel y Pogacar ha quedado oscurecido, al menos hasta que se inicie la acción, por el brillo de Seixas. El diario deportivo tuvo que organizar el viaje al País Vasco con la Itzulia ya comenzada, porque en principio no habían enviado periodistas a la carrera.

«Desde Bernard Hinault, no hemos tenido un francés con semejante potencial. Atributos físicos muy superiores a los de Thibaut Pinot o Romain Bardet, además de la resistencia y la fortaleza mental… Su potencial es realmente enorme. Incluso extraordinario», dice Bernard Thevenet, el ciclista que le ganó un Tour a Eddy Merckx en 1975 y se lo volvió a llevar en 1977, cuando para el aficionado francés era de lo más habitual ver a uno de los suyos en el podio del Parque de los Príncipes, que luego dio paso a los Campos Elíseos. «Salvo accidente, ganará el Tour algún día», sentencia Charly Mottet, otra vieja gloria del ciclismo francés. «Parece tranquilo, sereno y, por lo tanto, corre de forma relajada. Claro que todo esto le va a generar una enorme presión, pero no es algo nuevo”, explica Thévenet, que elogia a sus padres, “muy sensatos, que quitan la presión en lugar de aumentarla».

Al estilo de los campeones actuales, Seixas puso en  juego su mentalidad atacante para recoger los frutos de una semana excelente. «Afronté cada etapa con una mentalidad ofensiva, y en la última etapa lo demostré una vez más: ataqué siempre que sentí que podía. Así es como se gana una carrera, con una mentalidad ofensiva, porque si te quedas a la defensiva, acabas creándote más problemas que beneficios. Tus rivales lo notarán e intentarán atacarte». Son los nuevos tiempos, los de un ciclismo más divertido que aquel al que acostumbraron algunos campeones como Chris Froome, siempre pendiente del pulsómetro y de maximizar el esfuerzo de su equipo para dejar exhaustos a sus rivales y ganar las carreras poco a poco. Desde Pogacar ya no es así, y cada vez hay más corredores que entienden el ciclismo al ataque. Seixas es el nuevo mesías que proclama esos mandamientos y que ha ganado su primera carrera por etapas del World Tour el mismo día en el que uno de los nuestros, Pello Bilbao, ha anunciado en casa que esta será su última temporada. Ya está descontando días de su calendario que finalizará el 2 de agosto en el Circuito de Getxo, una fecha después de despedirse del World Tour en la Clásica de San Sebastián y hacer su último Tour de Francia, donde en 2023 consiguió una inolvidable victoria en Moulins. Con 36 años le da prioridad a su rol de padre por encima del de ciclista y se aparta hacia un lado, mientras la rueda del ciclismo no deja de girar y aparecen siempre corredores, como Seixas, para ilusionar a los aficionados.

 

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