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CICLISMO

DE JOANE SOMARRIBA A PAULA BLASI

La corredora catalana asoma como la heredera, después de dos décadas, de la grandeza de la vasca

Joane Somarriba con el maillot arcoiris de campeona del Mundo.
       Jon Rivas 

Paula Blasi ha irrumpido con una fortaleza inusitada en el panorama mundial del ciclismo femenino. La corredora catalana de 23 años ha sido capaz, en apenas unos días de ganar la Amstel Gold Race, acabar tercera en la Flecha Valona y quinta en la Lieja-Bastoña-Lieja, un tríptico de Las Ardenas espectacular para una ciclista española que se codea con las mejores del panorama internacional. Lo más lógico es que a partir de este momento, sus resultados en competiciones de alto nivel, vayan a más y en poco tiempo se ponga definitivamente a la altura de las grandes figuras del ciclismo femenino. El abrazo que se dio en la meta con su compañera de equipo, la veterana Mavi García, que ya ha cumplido 42 años, es casi la expresión del relevo generacional.

Biasi nació en 2003, el año en el que Joane Somarriba ganó por tercera vez la Grande Boucle, convertida ahora en el Tour después de que ASO relanzara una carrera que estaba enterrada, y también el campeonato del Mundo de contrarreloj en Hamilton (Canada), un año feliz para el ciclismo vizcaíno que vio como Igor Astarloa se vestía también el jersey arcoiris en la prueba de ruta. Tantos años después, nadie ha podido igualar a la mejor ciclista española de todos los tiempos, que desarrolló su carrera en un entorno muchísimo más difícil que el de cualquier corredora profesional actual.

Joane tuvo que emigrar a Italia para empezar a lanzar su carrera, vivió en condiciones precarias y firmó un contrato que nunca cobró, porque sus cláusulas lo convertían en papel mojado. Pese a todo, insistió: «Me fui por primera vez a Italia porque en casa no había equipo, a ganar un sueldo pequeño. Llegué como gregaria para Luperini, Capellotto y las grandes ciclistas que había allí, pero después de hacer buenos resultados me llamó un director y me dijo que iba a salir un equipo, el Alfa Lum, que me quería como una de las líderes. A mí me sorprendió muchísimo que me hablara así. Yo conocía el nombre del equipo porque había sido el de Marino Lejarreta, pero nada más. Me mandaron un billete de avión para ir a hablar». El asunto cuajó.  «Me comentaron su idea, los fichajes que iban a hacer, y que querían que fuera un equipo potente. A mí me parecía muy fantasioso que me dijeran que yo podía ganar algo, pero ellos creían más en mí que yo misma. Había corrido ya cuatro veces el Giro. En 1996 había sido cuarta”.

Joane hizo de nuevo las maletas para correr en 1999. “Empezamos a concentrarnos muy pronto. Compartíamos casa, y en nuestro caso unió mucho a las corredoras. Llegamos bien al Giro porque allí entrenarse era una maravilla, a veces lo hacíamos con el grupo de Pantani, con Fontanelli y los corredores del Mercatone Uno”. La carrera comenzó el 30 de junio. “La sorpresa fue que, en la quinta etapa, que acababa en Monte Serra, llegamos juntas Daniela Veronesi, que ganó ese día, Bouvnenkova, que fue tercera, y yo, que acabé segunda. Las favoritas, Luperini y Punciskaite, entraron a casi tres minutos. Ese día se puso de líder Daniela». Al día siguiente, Veronesi perdió tiempo en la etapa y Joane se vistió de rosa, un puesto que ratificó en la contrarreloj de la séptima etapa, de 13 kilómetros, en Portomaggiore. Fue tercera, a 45 segundos de Zabirova, la ganadora. “Entonces me entraron los nervios, me di cuenta de que podía perder el primer puesto por cualquier detalle, por un despiste o por una caída. No estaba acostumbrada”. Pero no sucedió nada fuera de lo normal. Ya no abandonaría el maillot de líder hasta el final. Lo ratificó con su victoria en solitario entre Chiuppano y Ponte di Campiello, donde aventajó en 55 segundos a Veronesi. Ya era la ganadora de la carrera.

Había ganado Joane una de las grandes citas femeninas del mundo, pero eso no era suficiente para que su deporte despegara. Ni siquiera con el equipo nacional español gozaba de las condiciones necesarias. «Nosotras, con la selección, teníamos que escoger entre un mecánico o un masajista. No teníamos presupuesto para los dos. Cuando gané el Mundial, Faustino Muñoz, el mecánico del equipo masculino, me prestó un manillar para la bicicleta». Hasta en las comidas, en plena concentración de Hamilton, donde conseguiría el oro, sufrían discriminación las mujeres. Un día el cocinero hizo arroz con leche de postre, pero solo era para el equipo masculino. Pequeños detalles, muy significativos.

Joane consiguió que Bilbao se lanzara a la calle para la salida del Tour femenino que ganó; pudo correr sus últimos años en un equipo financiado por las instituciones vascas, pero cuando decidió retirarse para poder ser madre, el ciclismo femenino de élite desapareció prácticamente en España. «Después de que lo dejara nuestra generación, la de Dori Ruano, la mía, hubo un bajón porque no había muchas mujeres que se dedicaran al ciclismo». Ahora, afortunadamente, las condiciones han cambiado a mejor. Posiblemente, Paula Blasi no tendrá que preocuparse más que de dar pedales y entrenarse mientras siga siendo profesional. Nadie le escatimará un arroz con leche de postre ni tendrá que buscarse la vida para que un mecánico le preste un manillar de contrarreloj para intentar ganar un Mundial, porque ahora los equipos se ocupan de todo eso. Ha tenido suerte Paula de nacer en 2003 pero vivir las condiciones de 2026. Nadie le impedira salir de un hotel de mala muerte, como a Joane Somarriba le sucedió en la Grande Boucle, porque el organizador de la carrera se ha olvidado de pegar el alojamiento.

Joane se retiró después de ganar tres veces el Tour y dos el Giro, de hacer otros dos podios en Italia y uno en Francia; de ganar un Mundial contrarreloj, hacer segunda en otro y conseguir el bronce en un Mundial de ruta. Nunca pudo ganar la Vuelta a España porque no se disputaba. Ahora habrá que tener cautela con Paula Blasi, aunque da la sensación de que, como Somarriba, es un fenómeno del ciclismo femenino que puede marcar una época. Ojalá sea así, que la grandeza de una se transmita a la otra. Seguro, además, que Joane, una de las mejores personas que conozco, una mujer que nunca les dio importancia a sus hazañas, se alegrará de que lleguen esos éxitos y también de que la corredora catalana no tenga que sufrir las penurias que ella experimentó en carne propia.

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