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CICLISMO

DESEANDO QUE LLEGUE JULIO (VIVEMENT JUILLET)

El anuncio de Paul Seixas de que correrá el Tour revoluciona al ciclismo francés

Portada del diario L'Équipe del 5 de mayo de 2026.
       Jon Rivas 

Vivement es una expresión francesa que significa «no puedo esperar». Es, por tanto, una manifestación de impaciencia, que en la portada de L’Équipe, con el añadido de Juilliet se puede traducir como: «Deseando que llegue julio». Se refiere por supuesto, a la decisión de Paul Seixas, se supone que en comandita con su equipo el Decathlon, de disputar el próximo Tour de Francia al que llegará con 19 años. El periódico deportivo francés, la biblia del periodismo ciclista, le regala cuatro páginas al asunto, después de que las informaciones sobre el joven y prometedor ciclista de su país hayan ido en aumento segun pasaban los días, las semanas y los meses. En Francia están impacientes por la aparición de algún corredor que jubile de una vez a Bernard Hinault.

La verdad es que el Tejón también lo está deseando porque 41 años después sigue siendo la referencia y la persona a la que todos acuden cuando se habla de un posible ganador francés, aunque él rebaje las expectativas, y no por el potencial de Seixas, sino por las prestaciones de sus rivales. Que está Pogacar, sí, pero nadie parecer acordarse ya de Jonas Vingegaard. Así que Hinault, siempre vehemente, el hombre que fue capaz de liarse a puñetazos con un piquete huelguista que bloqueaba una carrera, le echa agua al vino cuando dice que, «Tadej Pogacar es el mejor y tiene el equipo más fuerte. Tal vez si tiene una caída Paul Seixas tendría una posibilidad. Podemos creer que si Pogacar comete el más mínimo error, el día que esté en el Tour de Francia, Paul podría tomar la delantera». A Hinault le gusta la forma de correr de Seixas, «su actitud despreocupada. No le da muchas vueltas a las cosas, no le importa mucho, solo quiere volver a subirse a su bici», pero en esto también la comparación es odiosa: «Un poco como Pogacar».

Al corredor esloveno, por cierto, Hinault le defiende contra viento y marea de las acusaciones veladas, basadas en no se sabe qué, y en las que se menciona la palabra dopaje. «Como Tadej Pogacar no es francés se le acusa de doparse. La verdad es que eso es algo terrible y lo siento por la gente de mi país que hace eso», y compara con el nadador frances siete veces campeón del Mundo y cuatro veces campeón olímpico. «Como Léon Marchand es francés nadie hace acusaciones, ni se hace preguntas. ¡Él sí que bate todos los récords de forma legal, ah, pero como no va a hacerlo si es francés! ¡Eso es lo que me hincha las pelotas!».

En fin, veremos qué pasa en julio. Los demás también estamos, como L’ Équipe, deseando que llegue, para ver si la presión que ahora dice no sentir, se materializa o no cuando pase a ser el objetivo de todos los fotógrafos, que en el Tour son legión, de los cientos de periodistas que pueblan las salas de prensa y pululan a diario por el Village Depart y aporrean sus teclados con las crónicas de decenas de medios de comunicación que las publican de inmediato. ¿Será capaz de asimilar que a su alrededor zumbarán como avispas las cámaras de decenas de televisiones?, ¿que tendrá que leer miles de veces en el asfalto su nombre escrito con pintura en todas las carreteras? Habrá millones de personas, en el estadio al aire libre más grande del mundo, que dijo Samaranch refiriéndose al Tour, coreando el Allez Seixas! con fervor, exhibiendo pancartas de cartulinas y ondeando banderas tricolores. ¿Lo podrá gestionar?

Pogacar ya lo ha hecho, y se fue acostumbrando a todo ello sin presión. Su primera carrera de tres semanas fue la Vuelta a España de 2019 y acabó tercero después de ganar tres etapas. Era un recién llegado, casi tanto como en el Tour de 2020, el primero que ganó. Además, ¿qué presión iba a tener el ciclista de un país casi desconocido en el ciclismo, en el que su máxima figura era Primoz Roglic?  Le acabó ganando a su compatriota en la penúltima etapa, después de haber pasado casi desapercibido el resto de la carrera. Siempre ahí, pero sin llamar la atención. Pero Paul Seixas, que la carrera más larga que ha disputado fue el Dauphiné de 2025 en el que acabó sexto y agotado después de una semana de competición, saldrá de Barcelona en Le Grand Depart, siendo el más buscado, el más entrevistado, el más perseguido, el más vigilado… para regocijo de Pogacar que, hasta el momento, ha decidido cuándo y cómo distanciarlo en las carreras en las que han competido juntos: en la Strade Bianche y la Lieja-Bastoña-Lieja. Resistió muy bien el francés hasta donde pudo, o hasta donde Pogacar decidió dejarlo atrás, que cualquiera sabe. El riesgo que corre Seixas, y con él su equipo, es el de quemarse pronto si Tadej, un fenómeno de las carreras en todos los sentidos, decide jugar con él, como ha hecho con Vingegaard algunas veces, y eso le mina la moral, aparte de las fuerzas. Veremos. Que tal vez la prudencia en este caso sea un error y Seixas esté en condiciones de desmentir a los más pacatos.

Claro que en estas ocasiones tal vez sea mejor escuchar a los que más quieren a Paul. Su padre, por ejemplo, que habla en nombre de la familia. «No necesariamente estamos a favor de que corra el Tour este año, ni siquiera una Gran Vuelta. Creemos que es un poco pronto», dice, pero «al final, es su decisión y la respetaremos; tenemos fe en él». Como no.

 

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