GIRO 2008
CONTADOR VA EN SERIO
El español, escaso de preparación, sorprende con un segundo puesto en la contrarreloj y se coloca cuarto en la general
Jon Rivas
El 3 de mayo, sábado, Alberto Contador tenía una cita con un amigo. Había quedado a comer en un chiringuito de Tarifa, en Cádiz. Jacinto, su colega, estaba a punto de montar en el coche para irse hasta la playa y recoger al ciclista, pero recibió una llamada. «Tío, que no puedo ir. Salgo para Madrid, que voy al Giro».
Olvidaron la reserva en el chiringuito. Y la paella, claro. Se supone que Contador desenfundó el ordenador portátil, abrió el programa ADAMS y envió a la UCI sus nuevas coordenadas. Para que los severos inspectores antidopaje no le buscaran entre bañistas, sino en Italia.
Ricardo Riccó no se cree lo de la paella y el chiringuito. «Ya tengo calado a Contador. Es un listo», dice la joven promesa del Saunier, ganador ya de dos etapas del Giro. Pero su provocación no es nueva. Antes retó a Bettini y a Di Luca. Su director, Josean Fernández Matxin, le define así: «Es un cabrón». Pero le quiere. Contador se ríe. «No he visto ningún periódico, pero de algo tendrá que hablar. No le doy importancia». A la carrera sí: «Me siento bien. Hace dos días estuve a un paso de retirarme, pero en la crono sólo fui un poco más rígido de lo normal».
Y le azotó la lluvia, y aún así acabó a sólo ocho segundos del especialista Bruseghin, y fue el mejor entre los aspirantes a la maglia rosa en Milán. Fue 12 segundos mejor que su compañero Klöden, que salía como favorito; sacó 1,56 de ventaja al díscolo Riccó y dejó por detrás a los favoritos que se la jugarán en los Alpes dolomíticos.
Contador ha asumido que puede ganar el Giro, una carrera que le sorprende cada día, «por las llegadas empinadas, las carreteras estrechas, el ambiente que hay, la gente que nos espera…».
Ayer dio una demostración de su espectacular mejora en las contrarrelojes. El trabajo viene de lejos. Johan Bruyneel trató, desde el primer momento, de utilizar con el madrileño los métodos que tan bien le habían ido con Lance Armstrong. Le llevaron a San Diego, al túnel de viento. Mejoraron su postura en la cabra de contrarreloj, le confeccionaron una a la medida, con la que comenzó a entrenarse en casa, y cambiaron sus costumbres de entrenamiento. Contador, un escalador de poco peso, todo fibra, no necesita tanto volumen de trabajo, ni hacer decenas de kilómetros cada día. Le invitaron a sentirse cómodo en las cronos, a mejorar en lo que parecía débil. Y cada vez está más a gusto.
En la prueba suprema del Tour, la crono de Angulema, respondió. Pudo conservar la ventaja suficiente como para ganar. Ayer, pese al codo lastimado, que le molestó en los primeros kilómetros de adoquín, acabó segundo y se convirtió en el favorito para ganar el Giro. «Después del Tour, sería muy importante para mí historial». La paella del chiringuito de Tarifa puede esperar.
