GIRO 2008
EXAMEN CUESTA ARRIBA
Contador se coloca a solo cinco segundos del liderato del Giro tras una etapa en la que mostró debilidad
Jon Rivas / Enviado especial
ALPE DI PAMPEAGO. – Ayer comenzó el Giro, dicen. En las heladas laderas del Passo Manghen, en los terribles kilómetros finales de Alpe di Pampeago, salpicados de rosa, como siempre, atrayendo a los fieles, que en Italia no disminuyen. En la cuneta, ¡qué pasión rosa! En el Giro siempre es así. Comienza ahora, dicen, dos semanas después, y empieza a generarse noticias de todos los colores. Las hay buenas, regulares y malas. La buena: Contador está a sólo cinco segundos del líder. La mala: se vio flaquear. La regular: todavía distancia a los demás candidatos, aunque después de la contrarreloj, el mismo esperaba algo más. «Hay que tirar hacia adelante».
Fue un final terrorífico, tras una jornada agotadora. Cinco horas y media bajo el cielo nublado, desde la deliciosa Verona hasta las cuestas tendidas de los terribles Alpes. Los dos últimos kilómetros de la ascensión hacia la meta se pegaban a los tubulares, como si a los ciclistas les faltara desarrollo. Parecía una cuestión general. Llegaban dando tumbos, en zigzag. Emanuele Sella, que protagonizó una gesta de 182 kilómetros, parecía llegar fresco al final, pero se quedó clavado en los últimos 1.000 metros. Sin embargo, nadie le recortó tiempo. Un calvario.
Algo más de un kilómetro que sirvió para hacer una radiografía del Giro. De las virtudes de unos y las miserias de otros. Contador aguantó bien 191 kilómetros, cómodo, dejando hacer –como los demás– a Sella, Rodríguez, Bettini y compañía, empeñados en la gesta que para la definición resultaba intrascendente.
El español viajaba con los principales, todos mirándole de reojo. Simoni, en el regreso a sus años de gloria; Riccó, escribiendo los suyos; Menchov, dos veces ganador de la Vuelta, buscándose su sitio en Italia; Bruseghin, envalentonado por su victoria en la crono, metido con calzador en el top ten; Di Luca, defendiendo su jerarquía; y Kloden, haciendo lo mismo con su prestigio. Ellos y unos cuantos más, con Sella, que dictó una lección hermosa a mucha distancia, desde el kilómetro 13 hasta la meta. Fresco como una lechuga al principio, atascado al final, con la mirada siempre hacia atrás, esa desconfianza genética de los ciclistas que nunca se creen las diferencias que les cantan.
No estuvo cómodo Contador, sin embargo. Entre bosques, le atacó la alergia primaveral. No respiraba bien, a pesar de la tira nasal. Sus pulmones no eran capaces de aspirar el aire necesario para oxigenar sus piernas; el ácido láctico hacía su trabajo y le dolían. Del Astana, quien daba la cara era Kloden, al rebufo de Di Luca y su equipo, por detrás de Simoni y Ricco. El madrileño ocupaba un lugar discreto del pelotón de principales, aunque el infierno estaba por llegar. Lo hizo cuando atravesaron la pancarta de cinco a meta. Los favoritos se cocían en su propio jugo. A Contador no le funcionaba el motorcillo. La alergia, la respiración entrecortada, el dolor de piernas…
Nadie fue capaz de atacar. Los que se quedaron lo hicieron porque sí, es decir, porque no podían más y temían reventar. La pendiente tendida con porcentajes imposibles, línea de meta que se vislumbraba al final de un túnel, apenas 500 metros imposibles. En medio, Contador cedió ante Ricco, Di Luca, Menchov y Simoni. Le faltaron fuerzas para atacar la maglia rosa, que ahora es de Bosisio, uno de los supervivientes de la escapada inmensa de la semana pasada.
Contador se quedó a cinco segundos. Le dolían las piernas. «No ha sido un buen día. Sólo quiero llegar al hotel para recuperarme», dijo como pudo. En la primera jornada alpina, nuestro protagonista dio inicio a otra historia que se debe escribir en el Giro. Lo que no se sabe aún es si empezó a ganarlo o comenzó a perderlo. El Pordoi, San Pellegrino y la Marmolada pueden aclararlo hoy mismo.
«Mi estado de forma no es el mejor»
«No he tenido un buen día». De las playas de Tarifa a los Dolomitas hay un buen trecho. Inmenso, por lo que se ve. Contador lo está intentando asimilar y de repente se ha encontrado con los muros: «Desde el primer momento ha sido una etapa dura, con dos puertos que no puntuaban, pero en los que se ha ido muy rápido. Me ha afectado mucho la alergia al principio, aunque en el penúltimo puerto ya me he sentido mejor. Sin embargo, en la bajada no pude ponerme el chubasquero». Otro inconveniente, el frío. Los músculos se agarrotan, las piernas se resienten…
«En la última subida he notado que mi estado de forma no es el mejor, como es normal al no haber realizado una preparación adecuada. Se me ha hecho muy duro, porque había rivales que iban más fuerte, aunque lo bueno es que, a pesar de todo esto, casi no me han sacado diferencias». Parece optimista pese a todo. A cinco segundos del líder aún lo ve todo de color rosa. «De aquí al final del Giro todos los días van a ser así, como si fuera una carrera de un día y a ver quién falla».
